18/07/2026
Título: El poder del poder
Cuando el poder es visto como un beneficio personal y no como una responsabilidad, su ejercicio termina conduciendo al abuso. Y el abuso, tarde o temprano, lleva a la pérdida del poder.
Un ejemplo claro de ello fue la Revolución Francesa. El abuso del poder por parte de la monarquía provocó el descontento del pueblo, que finalmente se levantó en rebelión, poniendo fin al reinado y al poder que durante años había permanecido en manos de la corona.
El poder es un privilegio que debe ejercerse para servir a los demás, no para servirnos a nosotros mismos. Quien recibe autoridad también recibe la responsabilidad de administrarla con justicia, humildad e integridad.
En el caso de un presidente de una nación, el poder le ha sido otorgado para servir a los ciudadanos, promoviendo el bienestar, la justicia y el orden (Romanos 13:1-4). Quienes dirigen una iglesia deben ejercer su liderazgo cuidando y guiando fielmente a las personas que les han sido confiadas (Hebreos 13:17). Lo mismo aplica para quienes dirigen empresas, organizaciones de cualquier naturaleza o ejercen liderazgo dentro de su propia familia.
El verdadero liderazgo no se demuestra por la cantidad de poder que se posee, sino por la forma en que ese poder se utiliza para beneficiar a otros.
El abuso del poder siempre revela una falta de integridad. En cambio, cuando el poder se ejerce con humildad, servicio y responsabilidad, se convierte en una herramienta para transformar vidas, fortalecer instituciones.
Reflexión inspirada en el libro Vivir con integridad y sabiduría, del Dr. Miguel Núñez.