03/17/2026
Liberar a todos los miembros de pandillas de las prisiones sería devastador para El Salvador.
Durante décadas, El Salvador tuvo el triste título de “capital mundial del asesinato”. Las Pandillas controlaban barrios enteros mediante extorsión, reclutamiento forzoso, asesinatos y guerras territoriales. La tasa de homicidios alcanzó un pico de más de 100 por cada 100.000 habitantes en 2015, con miles de mu***os al año en un país de aproximadamente 6,3-6,5 millones de personas.
La ofensiva del presidente Nayib Bukele iniciada con el régimen de excepción en marzo de 2022 cambió dramáticamente la situación. Las autoridades capturaron a más de 80.000-90.000 pandilleros y colaboradores, llenando las prisiones, incluyendo el enorme Centro de Confinamiento (CECOT). Los resultados han sido impresionantes: la tasa oficial de homicidios se desplomó más del 98 %.
La extorsión, que antes era un impuesto diario sobre negocios y ciudadanos, prácticamente desapareció. Calles que antes vivían bajo el terror ahora son seguras, impulsando el tourismo y un sentimiento de normalidad.
Liberar a todos (o incluso a la mayoría) de estos pandilleros revertiría estos logros casi de inmediato, con consecuencias catastróficas:
QUE PASARÍA?
Una Explosión de violencia y homicidios: Las pandillas contaban con decenas de miles de miembros (entre 60.000 y 120.000). Su liberación permitiría una reorganización rápida, el reinicio de rivalidades entre facciones de la MS-13 y el Barrio 18 causando caos y muerte.
Las “treguas” del pasado entre pandillas y gobierno solo servían para darle más poder y seguridad a los pandilleros. La historia demuestra que liberaciones negociadas o políticas débiles provocaron mas asesinatos, no paz.
Volvería la extorsión. Las pandillas se financiaban principalmente con “renta” o cobro de protección a pequeños negocios, transporte, mercados e incluso ciudadanos pobres. Este sistema paralizaba la economía.
Con las pandillas desmanteladas y sus fuentes de ingresos secas, los empresarios ahora pueden respirar. Una liberación masiva reactivaría estos cobros, elevaría costos y empujaría nuevamente a la gente a la pobreza o la migración. El reciente optimismo económico y el boom turístico, directamente ligados a la mejora de la seguridad desaparecería.
Ciudades y Cantones volverían a sufrir control territorial, reclutamiento forzoso de niños, amenazas y desplazamientos. La vida bajo el control pandillero implicaba toques de queda, zonas prohibidas y miedo constante: condiciones que alimentaron décadas de emigración y trauma. Mujeres, jóvenes y pequeños emprendedores fueron los más afectados. Liberando aunque sea una pequeña fracción de pandilleros inundaría las calles de personas vinculadas a redes violentas.
La confianza pública, construida sobre las mejoras de seguridad (y las altas tasas de aprobación de Bukele), podría derrumbarse ante el regreso del caos.
Liberar en masa a los pandilleros no sería un acto de misericordia; sería suicidio para el país y su pueblo.
La acción contra el crimen organizado era la única solución que funciono. Deshacerla condenaría a una nueva generación al mismo ciclo de sangre, miedo y oportunidades perdidas.
Liberando a las pandillas sería una pena de muerte para miles de salvadoreños inocentes.
En resumen, los que gritan y promueven la liberación de las pandillas de las cárceles de El Salvador prefieren ver sangre inocente correr en las calles del país para ganar puntos políticos o tal ves la razón es más sencillo, realmente odian su país y el pueblo salvadoreño.
Recuerden que los opositores no hacen nada por amor o patriotismo, El dinero y el poder es la raíz de toda maldad.