Confesiones for. you.

Confesiones for. you. historias de la vida real✅✅

01/12/2026

Si eres madre soltera enamórate de un hombre maduro, que mire a tus hijos como prioridad y a ti como madre antes que mujer. ❤️👨‍👧‍👦💕👍

01/11/2026

Di a mi hija en adopción y he vivido con esa culpa durante más de 30 años.
Conforme pasan los años me siento cada vez más cansada y el miedo a morir sin haberla vuelto a ver me persigue. Tengo 44 años y este secreto ha sido una sombra constante en mi vida.

Hoy estoy casada y tengo dos hijos, ellos no saben nada de esta historia.
Crecí en una familia de clase media alta, con un padre abogado, autoritario y muy dominante. En casa todo era rigidez, reglas y prejuicios. Éramos solo dos hermanas y yo, la mayor, cargaba con muchas expectativas.

A los 13 años conocí a un chico un poco mayor que yo. Me enamoré ingenuamente y creí en el amor. Como resultado quedé embarazada.
Cuando mis padres se enteraron, la reacción fue violenta. Me golpearon y enfrentaron al padre del bebé, pero su familia se negó rotundamente a que él asumiera cualquier responsabilidad.

Mis padres, llenos de miedo al “qué dirán”, hicieron todo lo posible por ocultar el embarazo. Me sacaron de la ciudad y pasé esos meses escondida en Ciudad Juárez, lejos de todo y de todos.
Fue una etapa profundamente dolorosa. Día tras día me repetían que había arruinado mi vida y la de la familia, que era una vergüenza y que nadie me querría jamás.

Mi madre comenzó a advertirme que no me encariñara con el bebé, porque mi padre nunca permitiría que lo criara como madre soltera.
Lloraba constantemente, me sentía sola, confundida y sin ninguna salida.

Después de nueve meses nació una niña hermosa. El parto fue muy duro, pero nada se comparó con lo que vino después. Al regresar a casa, mi padre me esperaba. Me obligó a entregarla, diciendo que ya tenía arreglada su adopción.
Con el corazón destrozado lo hice, porque la alternativa era quedarme en la calle.

Nunca podré describir ese dolor. Sentía que seguía respirando, pero por dentro estaba mu**ta.
Cuarenta días después, cuando pregunté por mi hija, mi padre solo dijo que era un tema prohibido y que era momento de regresar a casa. A todos les hicieron creer que habíamos estado viviendo en otra ciudad.

Desde entonces nunca volví a ser la misma. Me volví obediente, silenciosa y reservada. No tenía amigos, no salía, solo estudiaba. Mi vida se volvió pequeña y controlada.
A los 23 años mi padre me presentó a quien hoy es mi esposo, un hombre mucho mayor que yo. Nos casamos al año siguiente. No lo amaba, pero con el tiempo aprendí a quererlo.

Él no conoce mi pasado. Es un buen hombre, un excelente padre. Desde afuera parecería que tengo una vida perfecta, pero nunca he sido verdaderamente feliz.

Siempre he guardado la esperanza de volver a ver a mi hija.
Cuando mi padre enfermó, lo cuidé con la ilusión de que antes de morir me dijera algo sobre ella. Nunca lo hizo. Solo al final me atreví a preguntarle qué había hecho con la bebé. Me respondió que era un secreto que se llevaría a la tumba, una promesa que no podía romper.

Me dijo que dejara el pasado atrás y que no saber nada de ella era el precio que debía pagar por mis errores.
Sus palabras me destrozaron.

Tras su muerte intenté investigar con mi madre, pero ella asegura no saber nada, y le creo, porque fue mi padre quien se la llevó.
No puedo preguntar a nadie más, porque ante todos, yo nunca estuve embarazada.

Solo me queda la esperanza de que algún día la vida nos vuelva a juntar.
Me duele profundamente no poder compartir esto con nadie. Muchas veces he pensado en contárselo a mi esposo y a mis hijos, pero tengo miedo de que me juzguen, de que me rechacen por haber entregado a mi propia hija.

01/11/2026

¿Estoy exagerando por sentirme incómoda cuando mi pareja mira a otras mujeres?

Tengo 20 años y mi novio 21. Llevamos cerca de dos años juntos. Antes de ser pareja fuimos amigos muy cercanos; había mucha confianza y comunicación entre nosotros.

Antes de esta relación, yo estuve con otra persona durante casi dos años. Esa relación terminó cuando descubrí que me había sido infiel con una amiga en común. Esa experiencia me afectó profundamente a nivel emocional y psicológico. Pasé por terapia e incluso tomé medicación durante un tiempo. Desde entonces cargo con muchas inseguridades.

Mi actual pareja siempre supo por lo que pasé. Al inicio de nuestra relación se mostró muy comprensivo y paciente. Me apoyó para seguir en terapia, fue transparente conmigo y jamás me ocultó nada. Incluso me permitió acceder a su celular cuando yo lo necesitara, aunque a mí me costaba hacerlo por miedo a encontrar algo que me lastimara.

Sin embargo, desde hace un tiempo he comenzado a sentirme incómoda con ciertas actitudes suyas. No sé si estoy exagerando, pero cuando salimos ya no me siento tan tranquila como antes.

Él suele mirar de forma muy evidente a otras mujeres, sobre todo si son físicamente atractivas. También ocurre cuando vemos shows, conciertos o espectáculos donde hay bailarinas con ropa reveladora o coreografías sensuales; su atención se centra demasiado en ellas, y eso me incomoda.

No espero que deje de ver un espectáculo ni que se vaya del lugar, tampoco se lo he pedido. Pero la forma tan notoria en la que lo hace me hace sentir mal e insegura.

Hace un tiempo volví a mencionar algunas de mis inseguridades con la intención de que fuera un poco más consciente. Aun así, siento que no lo toma en cuenta. Cuando nota que estoy incómoda, simplemente pregunta si estoy molesta, pero no va más allá.

Sé que parte del problema es mío por no expresar claramente lo que siento en el momento, pero tampoco quiero repetir lo mismo una y otra vez. Creo que también podría mostrar más interés y recordar lo que ya le he compartido.

¿Estoy equivocada por sentirme así?

01/11/2026

Historia anónima

No sé si lo que siento hacia mis padres sea odio, pero sí sé que duele profundamente. La mayor parte del tiempo soy invisible para ellos, y cuando por fin notan mi presencia es solo para gritarme o reprocharme algo.

Durante mucho tiempo defendí a mi mamá cuando mi papá y mis hermanos hablaban mal de ella, pero ella jamás ha hecho lo mismo por mí. Cuando me atacan verbalmente, guarda silencio. En mi familia no hay nadie en quien pueda confiar, nadie que intente entenderme. Eso ha ido acumulando dentro de mí un resentimiento muy fuerte.

No se trata solo de los gritos. Es el rechazo constante, la manera en que se refieren a mí, las humillaciones disfrazadas de comentarios “normales”. Nunca me han hecho sentir importante, nunca me han demostrado cariño. Me siento como si estorbara, como si no valiera nada.

Jamás han celebrado mi cumpleaños, ni siquiera lo recuerdan. Nunca asistieron a un solo evento de la escuela, aun cuando tenían el tiempo para hacerlo. Nadie me pregunta qué quiero para mi futuro, nadie se interesa por mis sueños. Para ellos, simplemente no existo… y si intento alzar la voz para que me noten, todo termina peor.

Soy la hija menor, la única mujer, y aun así mis hermanos siempre han sido los favoritos. Eso duele más de lo que puedo explicar. Siento que no encajo en ningún lugar, no me siento bien en mi propia casa y no tengo a dónde ir. Me siento atrapada.

Hace un tiempo tuve una r3lac1ón con alguien a quien amé profundamente. Sin embargo, en los últimos meses me he sentido ...
01/11/2026

Hace un tiempo tuve una r3lac1ón con alguien a quien amé profundamente. Sin embargo, en los últimos meses me he sentido muy confundida emocionalmente.

Fui desleal con esa persona y, al mismo tiempo, ilusioné a otro chico. Después terminé la relación con quien amaba y empecé algo con el otro. Más tarde me arrepentí, regresé con mi ex y rompí con el segundo. Pero la historia no terminó ahí: volví nuevamente con el otro chico y dejé, otra vez, al que realmente amo.

Todo esto me tiene muy angustiada. No sé qué decisión tomar. La persona con la que estoy ahora es alguien valioso, me trata bien y considero que merece la pena, pero mis sentimientos por mi expareja siguen ahí y no han desaparecido.

El problema es que ahora esa persona ya no quiere hablar conmigo. No encuentro la manera de acercarme y lo extraño muchísimo, más de lo que puedo explicar.

No logro entender por qué me siento así ni por qué he tomado decisiones que solo han complicado más mis emociones.

Tengo 55 años y esta es la primera vez que pongo en palabras algo que jamás creí que formaría parte de mi vida.Me casé j...
01/11/2026

Tengo 55 años y esta es la primera vez que pongo en palabras algo que jamás creí que formaría parte de mi vida.

Me casé joven y llevo tres décadas con la misma mujer. Compartimos una fe cristiana desde hace muchos años. Nuestra vida siempre fue ordenada, estable, sin sobresaltos. Fui un hombre fiel, por convicción y por decisión. Siempre pensé que las historias de infidelidad eran ajenas, que le ocurrían a otros, no a mí.

Hace poco más de un año comenzó a asistir a la iglesia una mujer mucho más joven. Tenía alrededor de 25 años, era soltera y se integró rápido a las actividades. No fue su apariencia lo que llamó mi atención, sino su actitud: comprometida, cercana, siempre dispuesta a colaborar. Yo formo parte del grupo que apoya en la logística y el orden del lugar, así que empezamos a coincidir con frecuencia.

Al principio todo fue totalmente normal. Saludos, charlas cortas, comentarios sobre los servicios. Pero con el tiempo surgió una sensación extraña, difícil de explicar. Cuando ella estaba cerca, algo cambiaba. Había silencios prolongados, miradas que duraban más de la cuenta, una tensión que ninguno nombraba.

Muchas veces terminábamos quedándonos hasta el final, ordenando el salón cuando los demás ya se habían ido. Sin decirlo, parecía que ambos encontrábamos excusas para alargar esos momentos. Nunca pasaba nada, pero el límite empezaba a desdibujarse.

El día en que todo cambió fue después de una reunión de oración. Éramos varias personas al inicio, pero poco a poco se fueron retirando. Al final quedamos solos, como ya había ocurrido antes. Mientras acomodábamos las sillas, el silencio se volvió pesado. Nos miramos. No recuerdo palabras claras. Solo recuerdo que ella se acercó y me besó.

No la detuve.

Lo que ocurrió después fue impulsivo, desordenado, fuera de toda lógica. No hubo planificación ni promesas. Fue un momento que rompió con todo lo que yo creía ser. Cuando salí de ahí, la culpa llegó de inmediato. Sentí vergüenza, miedo, rechazo hacia mí mismo. Pero también sentí algo que no había sentido en muchos años, y admitir eso es lo que más me pesa.

La relación continuó durante varios meses. Siempre dentro del mismo entorno, siempre en silencio, siempre con el riesgo latente. Nadie se dio cuenta. Nadie sospechó. Vivíamos esa doble realidad mientras yo pedía perdón en oración y, aun así, volvía a caer.

Nunca hablamos de un futuro juntos ni de dejar a nadie. Era una relación sostenida únicamente por el secreto y la culpa. Con el tiempo, ella se fue de la ciudad por motivos laborales. Más adelante supe que estaba con alguien de su edad. Y así, sin despedidas ni explicaciones, todo terminó.

Mi esposa nunca lo supo. La iglesia tampoco. Yo continué con mi vida como si nada hubiera ocurrido, pero llevo esto solo. Me arrepiento, especialmente por el lugar donde sucedió. Aun así, no puedo negar que durante ese tiempo me sentí vivo de una forma que creí perdida.

Hoy cargo con el miedo de haber fallado a Dios y con una verdad que no puedo compartir con nadie

01/11/2026

Tengo 60 años y dentro de poco cumpliré 61. No es una edad “especial” para muchos, no es 70 ni 80, pero para mí sí lo es. Siento la necesidad de celebrarlo. No quiero algo improvisado ni sencillo, sino una reunión bien organizada: una cena bonita, mesas arregladas, sillas decoradas, meseros, música tranquila. Algo que me recuerde que sigo aquí, que he vivido, que valgo.

El conflicto empezó con mis hijos.

Tengo dos hijos adultos. Ambos viven conmigo, junto a sus parejas y sus hijos. Mi casa casi nunca está en silencio: siempre hay televisión, voces, niños jugando, discusiones pequeñas. Los amo, pero hace años que no sé lo que es estar sola. No tengo espacios propios, ni calma.

Ellos trabajan, pero la mayor parte de los gastos salen de mí. Tengo mi pensión, el din3ro que dejó mi esposo y un pequeño negocio que aún mantengo. Pago servicios, mercado, arreglos y muchas ayudas que se suponían temporales y se quedaron para siempre. Nunca me molestó apoyar, pero ahora me duele que pretendan decidir por mí.

Cuando comenté que quería hacer la celebración, dijeron que era un gasto innecesario. Que a esta edad no valía la pena gastar en comida, mesas o meseros. Que ese din3ro sería mejor usarlo para “algo productivo”, para ellos, para inversiones o necesidades. Me hablaron como si yo no supiera manejar mi propio din3ro.

Les aclaré que no pensaba endeudarme y que era algo que había planeado con tiempo. No importó. Siguieron insistiendo. Uno de ellos incluso dijo:
—Eso ya no es para ti.

Esa frase me rompió por dentro.

Desde entonces he pensado cosas que nunca me animé a decir: que a veces deseo una casa en silencio, despertar sin ruido, llegar y no encontrar siempre gente en la sala. Que quiero tomar decisiones sin dar explicaciones. Incluso he pensado en pedirles que hagan su vida aparte, no por rechazo, sino porque siento que ya cumplí como madre.

Pero me invade la culpa. El miedo a parecer egoísta.
No quiero conflictos ni echar a nadie de un día para otro. Solo quiero saber si estoy mal por querer celebrar mi vida, por querer silencio a veces, por querer que mi din3ro también sea para mí.

Escribo porque no sé qué hacer: si imponerme, si volver a ceder, o si hacer la fiesta aunque no estén de acuerdo

Me separé de mi exesposo hace casi un año, luego de enterarme de que me había sido infiel con otra mujer. La separación ...
01/11/2026

Me separé de mi exesposo hace casi un año, luego de enterarme de que me había sido infiel con otra mujer. La separación fue todo menos tranquila. No hubo diálogo maduro ni acuerdos fáciles. Todo fue un caos. En un momento incluso hubo un enfrentamiento físico entre ella y yo, y mi hermano tuvo que intervenir para defenderme. Nuestras familias se involucraron, tomaron partido y el conflicto escaló a un nivel que dejó heridas que aún no terminan de cerrarse.

Tenemos un hijo de ocho años, el único. Por él hemos hecho un esfuerzo enorme por mantener una relación mínima y funcional. No somos amigos, no compartimos más de lo necesario. Solo hablamos lo justo y exclusivamente por temas relacionados con nuestro hijo. Cumplimos horarios, acuerdos y responsabilidades. Nada más.

Desde la separación, acordamos dividirnos las reuniones escolares. Nos turnamos porque ambos trabajamos y no siempre es fácil pedir permisos. Una reunión voy yo, la siguiente va él. Hasta ahora, ese acuerdo había funcionado sin problemas.

Hace poco me escribió para decirme que quería cambiar esa dinámica. Me planteó que, cuando le toque a él asistir, en lugar de ir personalmente, vaya “su pareja”, es decir, la misma mujer con la que me engañó. Su justificación fue que él no puede seguir pidiendo permisos en el trabajo y que ella tiene más disponibilidad porque no trabaja y depende económicamente de él.

Al leerlo sentí rabia, agotamiento y una profunda incredulidad. Primero, porque ella no es la madre de mi hijo. Segundo, porque no entiendo en qué punto se supone que debo aceptar su presencia en espacios que corresponden a los padres. Y tercero, porque no creo que tenga que dar explicaciones para decir que no.

Fui clara: no estoy de acuerdo. Si él no puede asistir a una reunión, puede hablar con el colegio, reprogramar o simplemente no ir. Pero no voy a aceptar que otra persona —y menos ella— ocupe un lugar que no le corresponde en la vida escolar de mi hijo. Su reacción fue de enojo. Me acusó de ser conflictiva, de no haber superado lo ocurrido, de seguir anclada en el pasado.

Pero esto no se trata de celos ni de resentimiento. Se trata de límites. Nuestra relación terminó de la peor manera posible y esa mujer fue parte directa del daño. No es una figura neutral. Pretender que ahora tenga un rol visible en la vida escolar de mi hijo me parece cruzar una línea muy clara.

Desde entonces la comunicación se volvió tensa. Él insiste en que es lo más práctico. Yo sostengo que no es negociable. No busco peleas ni escándalos, no quiero revivir conflictos del pasado. Solo quiero cuidar el lugar que me corresponde como madre y mantener una dinámica lo más sana posible para mi hijo.

Escribo esto porque necesito saber si estoy exagerando o si, como siento, esto ya es demasiado. Porque una cosa es ser cordiales por un hijo… y otra muy distinta es aceptar que la mujer con la que me traicionaron empiece a ocupar espacios que no le corresponden.

Tengo 19años y estoy saliendo con el mejor amigo de mi hermano. Él tiene 27. Nadie en mi familia lo sabe. Ni mis padres,...
01/11/2026

Tengo 19años y estoy saliendo con el mejor amigo de mi hermano. Él tiene 27. Nadie en mi familia lo sabe. Ni mis padres, ni mucho menos mi hermano.

Lo conozco desde hace mucho tiempo. Siempre fue alguien presente en mi casa, en reuniones familiares, en la vida de mi hermano. Durante años fue solo eso: “el amigo de mi hermano”. Cuando yo era menor nunca pasó nada fuera de lugar. Siempre fue respetuoso, cuidadoso y mantuvo la distancia.

Todo comenzó después de que cumplí los 18. Empezamos a hablar más seguido. Al principio eran charlas normales, mensajes ocasionales, comentarios sin importancia. Con el tiempo las conversaciones se volvieron más frecuentes y personales. Hasta que un día me invitó a tomar un café y acepté.

Él es un adulto con su vida armada. Trabaja, es profesional, vive solo y es independiente. No es alguien conflictivo ni inmaduro. Tampoco es ingenuo en temas sentimentales. Ha tenido varias relaciones, algunas breves, otras que no funcionaron. A veces dice que eligió mal, otras que no supo sostenerlas.

Yo estoy en una etapa completamente distinta. Apenas empiezo a vivir, no tengo hijos, no cargo con historias largas ni relaciones profundas. Soy consciente de eso. No me siento manipulada ni presionada, pero tampoco ignoro que la diferencia de edad y de experiencias existe y pesa.

Nos vemos a escondidas. No publicamos nada, no subimos fotos, no salimos a lugares donde alguien pueda reconocernos. No porque él me lo imponga, sino porque ambos sabemos que, si esto se hiciera público, sería un caos. Para mi hermano sería una traición. Para mi familia, algo difícil de aceptar. Y para él, un conflicto serio con alguien a quien considera casi como un hermano.

A veces me pregunto si esto tiene futuro o si, por más bien que se sienta ahora, estoy entrando en algo que inevitablemente va a terminar doliendo. No porque él sea una mala persona, sino porque las diferencias de edad, de momentos de vida y de contexto no se pueden ignorar.

¿Qué harían ustedes en mi lugar?

01/11/2026

Las am4ntes de ahora ya no se esconden. Antes cuidaban horarios, evitaban ciertos lugares, mantenían el perfil bajo. Hoy no. Hoy publican, insinúan y parecen disfrutar que todo el mundo lo vea, incluso la pareja oficial del hombre.

Yo llevaba casi cuatro años de relación con mi novio. No convivíamos, pero era algo formal. Él trabajaba mucho y yo confiaba. Nunca revisé su celular ni le cuestioné sus horarios. Pensaba que era una relación tranquila, sin conflictos innecesarios.

Todo comenzó cuando una conocida me preguntó, con evidente incomodidad, si yo seguía con él. Le respondí que sí y noté que se quedó callada. Esa misma noche me envió unas historias de Instagram de una mujer que yo no conocía, pero en las que había demasiadas coincidencias. Subía fotos de una mano masculina tomando la suya, con un reloj que yo misma le había regalado a él. También historias desde su auto, mostrando solo el tablero. Acompañaba todo con canciones y frases como “cuando es él, no hay nada que ocultar” o “al que no le guste, que mire para otro lado”.

Seguí revisando su perfil y vi historias destacadas: copas brindando en restaurantes, capturas de conversaciones de WhatsApp donde su nombre estaba guardado con un corazón, frases como “no todos entienden lo nuestro” o “lo que se vive en silencio también existe”. Incluso una que decía: “Tranquilas, nadie obliga a mentir”. En ese punto, ya no había dudas.

Le mostré el celular y solo le dije:
—Explícame esto.
Se puso pálido. Primero intentó minimizarlo:
—Estás exagerando, ella está loca.
Luego cambió el discurso:
—Eso debía mantenerse en secreto, yo le dije que no publicara nada.
Nunca negó la relación. Le molestaba más haber quedado expuesto que haberme engañado.

Me dijo que ella era intensa, que no respetaba límites, que él nunca pensó que llegaría tan lejos. Incluso tuvo el descaro de decir que yo estaba armando un drama. No discutí más. Le dije que no quería seguir siendo parte de su vida. Que si él elegía una relación a escondidas, yo no iba a quedarme esperando.

Lo dejé ese mismo día. Lo bloqueé, lo eliminé de todo y seguí con mi vida. Días después supe que ella continuó publicando indirectas, ahora sin ningún cuidado, porque yo ya no estaba. Y ahí confirmé algo: algunas ya no se esconden, porque no buscan amor, buscan atención, aunque para eso tengan que destruirlo todo.

01/11/2026

Mi mejor amigo llevaba tres años de relación. Siempre hablaba de su novia como si fuera la mujer con la que iba a envejecer. Ya había comprado el anillo y me enseñó las fotos con emoción. Su plan era proponerle matrimonio el día de su cumpleaños.

Un día de junio fui a cenar a un restaurante en otra zona de la ciudad. Ahí la vi. Estaba sentada en la barra con otro hombre. No había duda: no eran solo conocidos. Se besaban sin cuidado. Me quedé paralizado. En algún momento ella me miró, supo que yo la había reconocido y no dijo una sola palabra. Solo sostuvo la mirada, desafiante.

Pasé varios días pensando qué hacer. Él ya había reservado un salón para la fiesta de compromiso, había hablado con la familia de ella y estaba poniendo todos sus ahorros en una vida que se estaba construyendo sobre una mentira.

Al final le envié un mensaje anónimo. Le di la dirección del lugar y el día en que ella solía ir con el otro hombre. Le sugerí que fuera un viernes por la noche. Pensé que estaba haciendo lo correcto, que como amigo era mi responsabilidad. Yo habría querido saber la verdad.

Esa noche fue. Los encontró juntos. Me llamó llorando desde su coche. Nunca antes lo había escuchado así. Los enfrentó ahí mismo, delante de todos. Ella lo negó al principio, pero terminó confesando que llevaba meses viéndose con el otro.

La separación lo destrozó. Perdió el anticipo del salón, una cantidad importante de dinero que nunca recuperó. Tuvo que irse del departamento porque pertenecía a la familia de ella. Cayó en una depresión profunda: dejó de ir a trabajar durante semanas y estuvo a punto de perder su empleo.

Hoy duerme en mi sofá porque no tiene dinero para rentar solo. Lleva meses sin trabajo. Come mal, duerme peor y casi no sale. Dice que ya no cree en nadie, que el amor no existe y que jamás volverá a confiar.

Mi pareja dice que hice lo correcto, que era mejor descubrirlo antes de casarse. Pero ella no lo ve cada noche. No lo escucha decir que habría preferido no saber nada y seguir siendo feliz, aunque fuera engañado.

Anoche, medio en broma y medio en serio, me dijo que si algún día descubre quién le mandó ese mensaje anónimo, le rompería la cara por haberle arruinado la vida. Yo solo asentí y me quedé en silencio.

Desde entonces no dejo de preguntarme si hice lo correcto 😔.

01/11/2026

Llevo casi una década de casada. Mi esposo revisa mi celular a diario, controla cada gasto que hago y cuando se enfada me insulta, me dice que soy gorda y fea. No me permite salir sola, ni siquiera para hacer las compras. Según él, una mujer casada no tiene nada que hacer en la calle.

Tengo dos hijas, una de 8 años y otra de 5. Hace unos días, la mayor me preguntó por qué siempre me ve triste. Me quedé en silencio, no supe qué decirle. Ese mismo día fui a casa de mi mamá a pedir ayuda.

Le dije que ya no podía más, que quería separarme. Su reacción fue levantarme la mano y darme una bofetada. Me llamó desagradecida. Dijo que tenía un esposo trabajador, que no bebe, y que eso ya era suficiente. Que ella soportó 35 años sin quejarse y que yo no tenía derecho a hacer un drama.

Mi hermana estaba presente. Pensé que me defendería, pero solo bajó la cabeza y dijo que el matrimonio es sacrificio. Intenté explicar que mis hijas me ven sufrir, que están creciendo con esto. Mi mamá respondió que precisamente por ellas debía quedarme. Que en nuestra familia no existen las divorciadas y que yo no iba a ser la primera en “manchar” el apellido.

Regresé a mi casa. Mi esposo ni siquiera preguntó dónde había estado. Preparé la cena en silencio mientras él miraba televisión. Mis hijas me observaban desde la mesa, con una mirada que ya empieza a entender demasiado.

Esa noche, mi hija mayor se metió en mi cama. Me abrazó fuerte y me dijo que cuando creciera nunca se iba a casar. Le pregunté por qué. Me respondió que no quería terminar como yo.

Ahí entendí que si me quedo, les enseño a aguantar. Pero si me voy, pierdo a mi familia: a mi madre, a mis hermanas. Me convierto en la mala, en la que “destruyó” su hogar, en la vergüenza de todos.

Esta mañana mi mamá me llamó. Dijo que había hablado con mi esposo, que él le contó que yo andaba con ideas extrañas. Que le prometió cuidarme más. Y que si seguía con mis “tonterías”, no volviera a buscarla.

Colgué. Me miré al espejo. Tengo 34 años y ya no reconozco a la mujer que está frente a mí 😔.

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