06/05/2026
Mirando hacia atrás, lo más impactante de todo este proceso ni siquiera fue la salud de mi esposo. Fue darme cuenta de lo completamente desconectada que estaba de mi propio cuerpo.
Por años, honestamente solo me echaba la culpa a mí misma. Pensaba que no sabía manejar bien mi estrés, o que no tener nada de energía era simplemente lo que pasaba cuando uno llega a cierta edad. Pensaba que andar por ahí sintiéndome drenada, pesada y abrumada era simplemente mi normalidad.
No tenía idea de que lo que estaba comiendo tenía a mi cuerpo en una montaña rusa emocional todos los días.
Cuando tu azúcar en la sangre está constantemente con picos y caídas, tu cuerpo está básicamente en un estado de pánico. Con razón me sentía tan alterada todo el tiempo. Con razón me dolían las coyunturas y me despertaba sintiéndome hinchada y cansada antes de que el día siquiera empezara.
De hecho, me da tristeza pensar en cuánto tiempo pasé aceptando que me iba a sentir así de mal para siempre. Como mujeres, nos acostumbramos tanto a sentirnos mal, que literalmente se nos olvida cómo se siente estar bien de verdad.
Pero una vez cambiamos nuestra alimentación en casa, simplemente comiendo comida real de una forma que mantenía nuestros cuerpos estables y tranquilos, fue como si una nube pesada por fin desapareciera. Mi mente se calmó. La ansiedad de la nada se desvaneció. Al fin me volví a sentir liviana.
No necesitas un diagnóstico médico para decidir que mereces sentirte mejor. Al final del día, se trata simplemente de volver a sentirte como tú misma. ✨