01/10/2026
Historias de la Lucha y sus mitos….
La lucha súper estrella empezó muy tarde; corrió el rumor en las gradas que El Santo no quería subir porque Flama era varias categorías más pesado que él. Craso error. Ese fue el inicio del imperio de Flama Roja. El grito de Santo, Santo, se fue transformando a miedo, miedo y, finalmente, a Flama, Flama. Uh, pues qué delicado, ¿no que muy chingue tss? "Si quieres te traemos una momia". Entonces salió Flama. Ovación. Él era el más sorprendido, rudo cien por ciento, le gustaba burlarse de sus contrincantes técnicos, y hasta de la gente. No entendía bien lo que pasaba, pero le gustaba. Alto y pesado, panzón, pues, con su camiseta de tirantes y mallas rojas, y su máscara amarilla con flamas a los lados. Capa en el mismo color. Flama, Flama. De repente un que otro aferrado: Santo, Santo, y el coro mataba el grito: Jot, jot.Y ahí viene El Enmascarado de Plata, clásico, en hombros, y agradeciendo con los brazos abiertos hacia el cielo. Silencio. Por un segundo la gente se saca de onda, como que quieren apoyarlo, era el Santo güey, ya Rufles, pero El Santo. Pues eso valió madre, que se le viene el abucheo más grande de su vida: buuuuu. Inicia la lucha. La gente aplaude todo al de casa. Al otro pobre no lo bajan de pende. Está confundido, voltea a los lados, no sabe qué pasa. Sí, efectivamente, anda apendejado. Humíllalo Flama, pa´ que se le quite. Pártele la madr. Sólo luchan dos caídas: la primera es para el plateado y la segunda para Flama. La gente se le entrega al gordo. El grito se oye en toda la ciudad: Flama, Flama, Flama. Iniciando la tercera, El Santo se queja a ras de lona de un foul que el rudo le propina a la vista de todos, pero que el réferi no sanciona. Entonces se baja del ring y se niega a regresar. Flama pide el apoyo del respetable, gritando: miedo, miedo, y aquello se vuelve una sola voz. Súbete, vamos a darnos, Santo, súbete huarachudo. Otra ovación. Pero no, el ídolo se aleja por el pasillo, corriendo bajo una variación de golden shower múltiple. Ora es cuando compadre, aviéntele el vaso. Se me hace que no llega, compa. Uste´ aviéntelo, güey.
Desde ese día Flama Roja se convirtió en el emperador de la lucha libre en Juárez. El primer rudo abiertamente querido por la gente. Una semana después de la función, el representante de El Santo demandó a la empresa Acasa por incumplimiento de contrato. Se supo que, esa noche, el plateado se negaba a salir porque todavía a esa hora no le pagaban sus honorarios. Nada que ver con lo del peso. Ganó la querella y, por supuesto, jamás regresó a luchar a Cd Juárez.