06/05/2026
✨A las Maestras y Maestros de México: 🇲🇽
Les escribo estas líneas con un profundo respeto por la profesión que ejercen. Nadie con sentido común puede negar que la docencia es uno de los pilares más importantes de nuestro país; ustedes tienen en sus manos el presente y el futuro de millones de niños y jóvenes, muchas veces trabajando en condiciones difíciles, con salarios que no siempre hacen justicia a su esfuerzo y enfrentando un desgaste físico y mental que merece ser reconocido. El derecho a buscar una vida digna y seguridad para sus familias es algo que todos compartimos y entendemos.
Sin embargo, como ciudadanos que observamos sus movilizaciones desde afuera, hoy nos resulta imposible callar el profundo dolor, la frustración y la indignación que nos causan los métodos que utilizan para hacerse escuchar.
Cuando ustedes deciden irse a un paro de labores, las aulas se quedan vacías, pero la realidad de las familias trabajadoras se llena de caos. Mientras ustedes cuentan con el respaldo de un sindicato poderoso y la seguridad de una plaza laboral que les garantiza que, al final del conflicto, sus días caídos les serán pagados, millones de padres de familia en el sector privado viven bajo una realidad muy distinta. En nuestro mundo, el día que no se trabaja, no se paga, y el riesgo de perder el empleo por levantar la voz es real e inmediato. Ver que se detiene la educación de nuestros hijos mientras los salarios públicos siguen corriendo se siente, francamente, como una profunda injusticia social.
La Constitución que nos rige a todos les otorga, en su Artículo 123, el derecho a la huelga. Pero esa misma Constitución, en su Artículo 3o. y 4o., protege el derecho de los niños a educarse y el interés superior de la niñez. Cuando el derecho de ustedes pisotea el derecho de los más vulnerables, la balanza de la justicia se rompe.
Peor aún es cuando la protesta pacífica cruza la línea hacia la violencia. El vandalismo, los destrozos a la propiedad pública, los bloqueos que asfixian a las ciudades y los motines no son herramientas laborales; son actos que dañan a la misma sociedad que ustedes formaron en las aulas. Ver a un educador recurrir a la destrucción para exigir un derecho contradice la esencia misma de su profesión. La violencia no les da la razón; les quita la autoridad moral y los aleja del apoyo de un pueblo que, de otro modo, podría empatizar con sus causas.
Maestros, pedimos que miren a su alrededor. Exigir mejoras es válido, pero hacerlo a costa del abandono escolar de los niños y del patrimonio de los ciudadanos comunes es un precio demasiado alto que no nos corresponde pagar. Los invitamos a reflexionar sobre el ejemplo que se da fuera de las aulas y a buscar caminos de negociación que no destruyan la paz ni el futuro de la educación en México.