08/20/2026
Los cinco minutos del EspĂritu Santo del 20 de Agosto
A veces sucede que algunas cosas bellas empiezan a morirse, y sufrimos por la nostalgia, pero no somos capaces de renovarlas para que puedan renacer. El EspĂritu Santo es el que siempre nos mueve a renovar las cosas, a derramar vida donde todo se está muriendo. Él puede darle un nuevo impulso a lo que se ha debilitado, pero para eso tenemos que aceptar que lo haga como Ă©l quiera y que se cambie lo que tenga que ser cambiado. Algo de eso descubrimos en lo que el EspĂritu Santo hizo a travĂ©s de San Bernardo, a quien hoy recordamos.
A los 20 años ingresĂł en una orden contemplativa que tenĂa pocas vocaciones y comenzaba a extinguirse. Pero a los 25 años Bernardo se fue con un grupo de compañeros a fundar el monasterio de Claraval. La vida cristiana era allĂ tan intensa y fervorosa, por el atractivo estĂmulo de Bernardo, que en su monasterio llegaron a vivir 500 monjes, y desde allĂ se fundaron numerosos monasterios. SalĂa a predicar con una fuerza inagotable y siempre volvĂa rodeado de un grupo de personas convertidas que querĂan entregarse a Cristo. TambiĂ©n participaba activamente de todo lo que pudiera afectar a la Iglesia, porque nada que tuviera que ver con Dios le podĂa ser ajeno. Se le considera el mayor apĂłstol del siglo XII. AsĂ, su orden contemplativa, que estaba desapareciendo, volviĂł a vivir.
En Bernardo se descubre lo que es un hombre grande en manos del EspĂritu Santo, cĂłmo se eleva, cĂłmo se llena y se fortalece una vida donde el EspĂritu Santo puede entrar sin dificultades y asumir el control. Cuando se renuncia a ser el centro, el dominador, el que todo lo controla, y se le otorga al EspĂritu el señorĂo sobre la propia vida, entonces brota una fecundidad sobrehumana. Cuando uno se libera de la mirada ajena, y renuncia a vivir para el reconocimiento de los demás, se adquiere la verdadera libertad interior. Nadie es más libre y más fecundo que quien le permite al EspĂritu Santo tocar y sanar su libertad.