08/13/2026
A veces siento que estoy perdiendo la p**a cabeza.
A veces quisiera arrancarme la piel solamente para escapar del ruido que llevo adentro.
He mejorado. Lo sé. He hecho el trabajo.
Pero la salud mental tiene una forma muy cabrona de recordarte que sanar no siempre significa ser libre. A veces simplemente significa que aprendiste a entender mejor la oscuridad.
Y hay días en que esa oscuridad te deja completamente aislado.
Vampiro estuvo fuera de control durante muchos años.
Antes pensaba que era algo que tenía que sobrevivir.
Hoy entiendo que tal vez tenía que convertirme en él.
Tal vez tenía que atravesar todo ese caos para poder entender las cosas que estaban esperándome del otro lado. Las cosas que tenía que aprender. Las cosas que algún día iba a poder compartir.
Porque cuando Vampiro y yo coexistimos, algo cambia.
El dolor encuentra dónde ir.
Se convierte en historia.
Se convierte en energía.
Se convierte en comunicación.
Se convierte en ritual.
Y de ahí nació este espectáculo.
Aunque llamarlo “espectáculo” casi se siente incorrecto.
Es una experiencia.
Sin juicio.
Educativa.
Profundamente intensa.
Íntima, pero al mismo tiempo distante.
A veces imposible de explicar… y al mismo tiempo completamente familiar.
Tal vez no entiendas todo lo que vas a ver.
Pero es muy posible que te reconozcas dentro de ello.
Eso es lo que para mí se ha vuelto casi una adicción.
No actuar.
Compartirlo.
Porque yo no puedo vivir esta experiencia solo.
El público no está viendo el ritual.
EL PÚBLICO ES PARTE DEL RITUAL.
Su energía lo cambia.
Sus historias lo cambian.
Su presencia lo cambia.
Tenemos dos versiones de esta experiencia y las dos están entrando en producción ahora.
La intención es llevarlas a diferentes ciudades y vivir esto juntos, cara a cara, dentro del mismo espacio.
Así que quiero saber algo.
Si Vampiro llega a tu ciudad…
¿Entrarías al ritual?