12/25/2025
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Estas palabras no nacieron del pensamiento,
nacieron del camino.
De andar, de errar, de acertar,
de poner un pie delante del otro sin garantías.
Textos de Caminos y Sombras no es un futuro libro de ideas,
es memoria en movimiento.
Palabras que se juntaron mientras la vida pasaba,
mientras el cuerpo aprendía lo que la mente no sabía explicar.
La memoria de las abuelas siempre estuvo ahí.
No como recuerdo antiguo,
sino como presencia viva.
Y la Abuela del Viento —la que nunca se va—
fue maestra sin pizarrón y sin prisa.
Una vez, en conversación sencilla,
de esas que no buscan respuestas sino verdad,
apareció la pregunta que más vueltas da en el mundo moderno,
la que tiene más clics, más teorías ymenos silencio:
¿Quién soy yo?
Y la Abuela se rió bajito,
como se ríe el viento cuando ve al humano cansarse de pensar.
Y rezó así:
“Hija, esa pregunta no nació ahora.
No la inventó nadie ni las cosas modernas.
Nace cada vez que el ser humano se olvida de sí.
No preguntas “quién soy” cuando estás viva en lo que haces.
Preguntas eso cuando te separas,
cuando te miras desde afuera,
cuando te buscas como objeto.
Tú no eres una definición.
Eres una experiencia directa.
Eres vivir.
Eres caminar con lo que ya eres,
aunque a veces no lo recuerdes.
Cuando lloras por alguien,
lloras por ti.
Cuando extrañas,
te estás extrañando.
No es pérdida, es llamado.
El “quién soy yo” aparece
cuando te desconectas de tu propio pulso.
Y se disuelve
cuando vuelves a habitarte.
No te preguntes tanto.
Vive.
Y mientras vivas,
ahí estás siendo.”
Y el viento siguió soplando.
Porque la respuesta nunca se quedó quieta.