09/14/2025
Historia anónima de un seguidor
Desde hace meses no duermo tranquilo pensando cómo decirle a mi esposa que me quiero divorciar. No porque no haya intentado luchar por mi matrimonio, sino porque siento que ya no existe. Todo cambió desde que nació nuestra segunda hija. Tiene apenas un año, pero desde que nació, nuestra vida de pareja se apagó. Ella siempre está cansada, siempre quiere dormir, y cuando intenta descansar yo no puedo ni hablar con ella porque aprovecha hasta diez minutos para cerrar los ojos. Yo entiendo que la niña exige mucho, pero también pienso: ¿y yo? ¿Qué lugar ocupo yo en todo esto?
Yo empecé a notar que ya no había caricias, no había besos, no había nada. Todo giraba en torno a las niñas, a los pañales, a la comida de las niñas, a las tareas de la mayor. Yo llegaba de trabajar y lo único que recibía era un “ayúdame con la bebé” o un “alcánzame la leche”. Nunca un “cómo te fue” o un abrazo de pareja. Me fui apagando poco a poco, sintiéndome como un mueble más de la casa.
Fue entonces que apareció ella: mi secretaria. Una mujer que siempre tenía un detalle conmigo, que me escuchaba, que me hacía sentir importante otra vez. Al principio yo lo veía como una amistad, pero esas conversaciones en la oficina se fueron convirtiendo en miradas, en complicidad, en mensajes escondidos en medio de la jornada. Lo que en casa era silencio y rutina, en la oficina era atención y ternura. Lo que no encontraba en mi esposa lo encontré en mi secretaria.
Ahora ella me está exigiendo que tome una decisión. Me dijo claro: “O ella o yo”. Y lo cierto es que no puedo seguir con esta doble vida. Mi esposa no lo sabe, pero mi secretaria ya no quiere ser la otra, y yo entiendo que no es justo para ninguna. En mi cabeza me digo que he sufrido mucho en este matrimonio, que lo he intentado todo, que no soy un hombre malo, pero que no merezco seguir en una relación donde ya no soy ni mirado.
Sé que voy a sonar como el villano de esta historia, pero prefiero ser honesto: quiero estar con mi secretaria. Ella me da lo que ya no encuentro en mi casa, me hace sentir vivo otra vez, me devuelve las ganas de levantarme. No sé cómo decirlo, no sé qué palabras usar. Por eso requiero consejos.