08/31/2026
Hay días en los que ser mamá me deja agotada.
Días en los que siento que ya di todo… y aun así todavía parece faltar algo más.
Pero después pasa algo tan simple y sencillo como verla reír, escuchar una de sus historias o sentir sus brazos alrededor mío… y vuelvo a recordar por qué todo esto vale tanto.
Porque mientras yo intento criarla, acompañarla, enseñarle, corregirla y protegerla…
Dios también me está transformando a mí a través de ella.
Y creo que muchas mamás entendemos esto:
Mientras nuestras hijas crecen, nosotras también estamos creciendo.
Ellas nos enseñan paciencia.
Nos enseñan presencia.
Nos enseñan a mirar diferente.
Nos enseñan un amor que muchas veces ni siquiera sabíamos que éramos capaces de sentir.
Y quizá ellas nunca alcancen a entender todo lo que han hecho dentro de nosotras simplemente existiendo.
Pero qué regalo tan grande poder verlas crecer…
y qué privilegio tan inmenso que Dios nos haya permitido ser sus mamás.
Tengo una guía gratis para ayudarte a vivir una maternidad más cerquita de Dios y seguir acercándote, cada día más , a la mamá que Él quiere que seas para tu hija.
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