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Antes de poder seguir molestándola, apareció Luke Bennett, defensa del equipo. Un tipo enorme, con sonrisa de tiburón y ...
10/22/2025

Antes de poder seguir molestándola, apareció Luke Bennett, defensa del equipo. Un tipo enorme, con sonrisa de tiburón y cerebro del tamaño de una putx almendra. Le ofreció un tragx y se inclinó para hablarle al oído, demasiado cerca. No escuché una mierdx de lo que decían, pero sí vi algo que me jxdió por dentro: Chloe sonrió.
Sonrió en serio.
—Vamos, Harrington, solo uno —dijo Luke, tomando su mano.
Ella dudó. Yo abrí la boca para detenerla, pero la muy testaruda lo tomó de todas formas y se dejó llevar entre la multitud.
Intenté seguirle el paso, pero me obligué a no hacerlo. Respira. No eres su niñera, no eres su novio. Solo un idiotx que no puede sacarse sus rizos de la cabeza.
Así que me serví otra cervezx.
Una hora después, todo se fue al carajx.
Chloe reía demasiado. Demasiado alto, demasiado libre, demasiado… fuera de ella. Sus pupilas dilatadas y su toga, mal ajustada. Yo sabía cómo se ve alguien borrachx, pero esto no era eso. Esto era distinto.
Escuché risas detrás de mí. Los idiotxs del equipo estaban acorralados en un sofá, con cara de quienes ven un show privado. Todos con cervezxs en la mano, sonrisas torcidas y comentarios en voz baja.
Me acerqué, solo para oírlo, solo para comprobar lo que ya sospechaba.
—¿Funcionó el Pink Devil? —preguntó uno.
—Luke dijo que sí —respondió otro, riéndose.
Y ahí lo sentí. Ese punto exacto donde mi cabeza se apagó y solo quedó la rabia. Pink Devil: una de esas mi**das que mezclan con vodka para “ablandar” a las chicas difíciles. Asco, puro asco. La clase de mierdx que usan los cxbardes cuando no tienen nada más que ofrecer.
Busqué a Chloe con la mirada. La encontré en el centro del salón, riendo mientras Luke le tomaba la cintura con descarx, le acariciaba los muslxs, la cadera, la trataba como un trofeo ganado y, lo peor: ella no se resistía. No podía.
Chloe apenas podía mantenerse en pie. Tropezaba entre sus brazos mientras él le susurraba algo al oído. Le bxsó el cuellx y, sin disimular, miró al grupo, levantando las cejas: “Ya la tengo”, decía su sonrisa.
Y ahí fue. Esa mirada, esa risa, esa toga cayéndole del hombro, dejando ver la piel blanca y temblxrosa. Algo dentro de mí se rompió.
—No. —Fue lo único que salió de mi boca, porque sabía muy bien lo que iba a ocurrir…

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Ella recogió su bolso y su libro sin decir una palabra.—Jxder, qué tía —murmuré, todavía siguiéndola con la mirada.Jax s...
10/15/2025

Ella recogió su bolso y su libro sin decir una palabra.
—Jxder, qué tía —murmuré, todavía siguiéndola con la mirada.
Jax soltó una carcajada.
—Me la pone durx.
—Ella y medio campus —repliqué, sin pensar.
Él me lanzó una mirada ofendida, como si acabara de insultar a la Virgen María.
—No, im***il. Dura en serio. Mis pobres bxlas están en huelga. —Me alcanzó, caminando a mi lado—. Desde que se me metió en la cabeza, se me metió en la pxlla. Es como un malditx embrujo.
—¿Embrujo? —me reí fuerte—. ¿De qué mierdx hablas?
—De que no me funciona, tío. Con nada. Con nadie. Ni con la conejita más buena del campus —me dijo, bajando la voz.
—No me jxdas —le dije, incrédulo—. Fxllaste tanto que se te averió el pitx.
—No, es culpa de Chloe. —Se apretó el paquet3 con rabia—. Pienso en su bañador metidx en ese culx y ¡boom!, magia. Durx como una roca. Mis bxlas ya presentaron una queja formal.
Solté una risa tan fuerte que rebotó entre los estantes. La bibliotecaria nos fulminó desde su escritorio.
—Eres un putx caso perdido. —Le di un golpe en el hombro mientras caminábamos—. Aunque debo admitir que te entiendo.
—Ah, ¿sí? —preguntó, arqueando una ceja—. ¿A ti también te embrujó esa loca que se disfraza de chico? —Nos reímos—. Espero que no fuera como Julian.
Solté una carcajada, y los dos terminamos riendo tan fuerte que la bibliotecaria casi nos echó a patadas.

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—No más —soltó ella. —No más ¿qué? —pregunté, con el ceño fruncido.  Me miró con indignación.  —Tú, yo, lo que sea —disp...
10/14/2025

—No más —soltó ella.
—No más ¿qué? —pregunté, con el ceño fruncido.
Me miró con indignación.
—Tú, yo, lo que sea —disparó, ofendida.
Exhaló fuerte. Me di cuenta de que había estado conteniendo el aliento.
Solo entonces noté sus mejillas encendidas, sus labios aún inflamados.
Sonreí. Muy satisfecho.
—¿Nosotros? —pregunté.
—¡No! —espetó, enfadada—. No existe un nosotros.
Sonreí.
Ella bufó y rodó los ojos.
—Sabes que sí existe un nosotros.
—Marshall, no me jxdas. Ya tienes un malditx coñx con el que jugar. Diviértete con ese —dijo dura, apretandx los puñxs a cada lado de su cuerpo.
—Voy a terminar con ella. Mañana, a primera hora —afirmé, completamente seguro.
Su expresión cambió. Me miró con preocupación.
—No necesitas terminar con ella. Si lo haces por mí… —bajó la mirada—. No lo hagas. No vamos a funcionar. Somos demasiado opuestos y…
Me levanté de la cama antes de que terminara de hablar. Su rostro se crispó al verme acercándome, y titubeó.
—Continúa —le dije, poniéndome frente a ella.
Me recorrió con la mirada, pestañeó rápido un par de veces. Se humedeció los labios, vacilando antes de decirlo.
—Yo…
—Voy a terminar con ella por ti, pero también por mí. Es un malditx infiernx —le aclaré. Y tomé su barbilla pequeña con mi dedo para que me mirara—. Debí terminar con ella en Inglaterra. Ni siquiera me apoyó cuando acepté la oferta para venir aquí… —le confesé. Me miraba con los ojos brillantes—. ¿Y estás segura de que no somos compatibles? —le pregunté. Su respiración se tornó trabajosa bajo mi contacto y no tuvo la valentía de sostenerme la mirada—. Hace dos minutos estabas gimiendx sentada sobre mi pxlla.
Se quedó mirándome, boquiabierta. Sus ojos enormes me escrutaban y el rubor le incendiaba las mejillas.
Solo entonces lo comprendí. La había corrompidx. Era más inocente de lo que jamás habría imaginado.
—Lorraine, lo lamento, yo… no quise decir eso. —Intenté corregirme.
—Está bien —me dijo y respiró fuerte cuando terminó de procesarlo. Parecía abrumada, pero entonces me lo devolvió—: no recuerdo haber gemidx por cinco centímetros.
Me eché a reír. No podía evitarlo.
Muy buena.
—Sabes perfectamente que no son cinco centímetros.

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—Entonces, qué quieres…La garganta se me llena de frustración y no puedo decirle lo que quiero, porque no sé como hacerl...
10/13/2025

—Entonces, qué quieres…
La garganta se me llena de frustración y no puedo decirle lo que quiero, porque no sé como hacerlo, así que, con rabia, le grito un furioso:
—¡No lo sé!
Su mano deja mi quijada y con rabia coge mi cuello. Lo hace tan ferozmente que no puedo respirar.
—No jodas conmigo, solo dime qué quieres y te lo daré —me dice, mirándome con agudeza—. Lo que quieras —susurra y sus dedos empiezan a liberar mi cuello y poco a poco, se transforman en una caricia tranquilizadora—. Maldición, niña, solo dímelo…
—Tal vez sea imposible —susurro sin tener el valor de mirarlo.
Él gruñe y suspira con fastidio.
—Eso lo decidiré yo, ¿no crees? —me pregunta y vuelve a sostener mi barbilla para enfocar mi mirada.
Quiere que lo mire y lo hago, aunque con temor y arrepentimiento.
Y con todo el valor del mundo, le digo lo que quiero, lo que de verdad espero de él y lo que hemos convertido esta extraña relación forzosa en algo más:
—Que me ames. —Contengo la respiración al confesarlo, porque el mundo empieza a desmoronarse cuando se queda quieto, entumecido, mirándome como si estuviera enloqueciendo.
Nunca deja de mirarme. Mi respiración es irregular, y silencio pesa.
—¿Eso es lo que quieres? —su voz es baja—. ¿Amarte? —repite, como si estuviera probando la palabra en sus labios, como si fuera algo completamente ajeno para él.
Y ahí está. Ese miedo en sus ojos. Esa duda que me hace preguntarme si acabo de destrozar lo poco que tenemos. Tal vez debí conformarme con lo poco que me estaba ofreciendo, pero yo… no quiero conformarme.
—Tal vez sea imposible para mí —murmura, con su voz más baja aún, y algo en mi pecho se rompe.
Quiero tragar duro, para llevarme el dolor de la decepción, pero no puedo. Se queda allí, torturándome dolorosamente.
—Lo sabía —respondo, haciéndome la valiente y me deshago de su ma***to agarre para escapar.
No quiero seguir sintiéndolo sobre mí. Su roce, su aliento, su aroma. Todo me desespera. Es como si estuviera invadiendo cada rincón de mi ser, y lo peor es que mi corazón lo estaba aceptando. Lo estaba dejando entrar.
Empezaba a gustarme su compañía, su voz, la forma en que llenaba los silencios.
—¿Lo sabías? —pregunta, y su voz está cargada de furia.
Sus ojos me atraviesan, y siento que no puedo sostenerle la mirada.
Cuando entiende que lo ha arruinado, o al menos eso cree, trata de detenerme.
—Alice, espera —dice, tajante, con un tono tan firme que casi me obliga a detenerme. Pero no lo hago—. ¡Alice, espera, maldita sea! —grita, y su voz retumba en mi cabeza mientras me escabullo al cuarto de baño…

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—¿Quieres papas fritas? —preguntó, metiéndose una entera en la boca.—Preferiría no compartir saliva contigo —repliqué, d...
10/10/2025

—¿Quieres papas fritas? —preguntó, metiéndose una entera en la boca.
—Preferiría no compartir saliva contigo —repliqué, dándole una sonrisa dulce y cruel.
—Tranquila, ya llegará el día —dijo con la boca llena, y me guiñó un ojo. Solté un bufido, luchando con la tapa de mi botella de agua. Él la tomó sin pedir permiso, la abrió con un giro rápido y me la devolvió como si lo hiciera todos los días—. Listo, princesa —dijo, con esa sonrisa que me daba ganas de atravesarle el tenedor por la mano.
Mientras comíamos, sacó una servilleta y empezó a escribir con su letra horrible.
—¿Qué haces? —pregunté, sin levantar la vista de mi plato.
—Servicio al cliente —contestó, doblándola y deslizándomela por la mesa—. Mi número. Llámame si necesitas algo.
—¿Algo? —arqueé una ceja.
—Cualquier cosa —contó con los dedos—: cargar libros, abrir puertas, sostenerte la toalla en natación… esa última sería un honor. —Me miró con descaro—. Soy bueno con las manos. Y con la lengua.
—Eres un cerdo —le dije, empujando la servilleta de vuelta.
—Nena —bajó la voz, inclinándose sobre la mesa—, estuve duro toda la mañana pensando en tu bañador negro.
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Tres años de noviazgo se reducían a ese momento, el que se suponía que debía ser el día más feliz de su vida.  Estaba se...
10/06/2025

Tres años de noviazgo se reducían a ese momento, el que se suponía que debía ser el día más feliz de su vida. Estaba seguro de que había escogido bien. Ella era perfecta.
Él la había convertido en su todo.
En el día de su boda, mientras se preparaba para esperar a su prometida en el altar, escuchó la verdad... La lengua se le había entumecido. Las palabras no le salían.
Él gruñó cuando la oyó gemir más fuerte y agarró la empuñadura de la puerta para enfrentarse a la realidad, pero su hermana lo detuvo antes de que todo se fuera al demonio.
—Philipe... —sollozó asustada—. Es la boda... los invitados están esperando y...
El hombre jadeó y se armó de valor para entrar.
Julia y Aren, su mejor amigo desde la universidad.
Se rio con ironía cuando los vio sorprendidos por su presencia y, aunque trató de asimilar lo que acababa de ver, fue tanta la conmoción que, hasta dejó de respirar. El pecho se le apretó y pensó que se ahogaba.
Para más inri, Julia mantenía relaciones con su mejor amigo usando el vestido de novia con el que se casaría en dos horas.
—Podemos explicarlo... —Julia balbuceó y se levantó de la cama tiritando.
Aren se vistió rápido.
—¿Sí? —se rio Philipe—. ¿Hay explicación para esto? Porque acabo de verte montada sobre mi mejor amigo...
—Hermano, no es lo que parece —refutó Aren y trató de proteger a Julia.
Philipe mantuvo la calma, también contuvo las lágrimas.
—¿Cuánto tiempo llevan acostándose? —preguntó con la voz tiritona.
—Es reciente —mintió Julia y tuvo que esconder la mirada cuando Aren la contempló con enojo.
Philipe supo que todo era una maldita mentira. Supo también que Aren no pensaba detenerse.
—Esta era nuestra última vez, lo prometo —susurró Julia.
Philipe se rio.
—Claro, la despedida —dijo Philipe con claro sarcasmo.
Julia pudo entrever que iban a dejarla.
—Philipe, mi amor, te juro que no ocurrirá otra vez... fue un error, un ma***to error y... por favor, por favor... —suplicó desesperada y...

El “novato” es una chica disfrazada de jugador y tiene alterado a todo el equipo…Demonios. Ser hombre es una tortura. Te...
09/28/2025

El “novato” es una chica disfrazada de jugador y tiene alterado a todo el equipo…

Demonios. Ser hombre es una tortura. Tener dos cabezas en guerra constante, peor. Apenas puedo controlar a la de arriba, ¿cómo carajxs esperaba Dios que controláramos a la de abajo? Esa es la más desobediente.
—Bro, el nuevo patina hacia atrás y tiene culx… redondo, firme y…
Oh, no. Yo lo pensé, pero él lo dijo. Y que conste: lo dijo él, no yo.
—Tiene mejor culx que tu ex —respondo sin pensar.
Mierdx. ¿por qué lo dije? ¿Por qué hablé de su culx en voz alta?
Respiro. Vuelvo al hielo. Intento no pensar en pestañas, ni en movimientos suaves, ni en su culx, ni mucho menos en esa forma en que Kane frena como si el hielo le susurrara secretos.
¡Céntrate, Rhett!
No puedes pensar en ese culx. No le mires el culx. No lo hagas.
¡No lo hagas, Rhett! ¡Te lo prohíbo!
Puck, pase, choque. Gritos. El entrenador grita hasta ponerse rojo. Sudor, golpes, todo en orden. Hasta que Troy decide hacerse el héroe y el malditx payaso cinco minutos antes de que el entrenamiento termine. Porque, claro, ¿qué karma estoy pagando yo para tener a Troy como mejor amigo?
El im***il carga contra Kane con más fuerza de la necesaria. Y no en plan “entrenamiento duro”. No. En plan “te voy a romper algo, Princeso”.
Porque claro, aparentemente, la mejor forma de confirmar si el culx del novato es real es embestirlx en medio del hielo. Manosex táctico, lo llamamos. Ciencia sobre hielo.
Y sí, antes de que alguien lo pregunte: los hombres hacemos esas estupideces. Nos empujamos, nos revolcamos, nos manoseamxs… pura masculinidad, bro. Todo muy heterosexual.

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Hace diez años, él causó un accidente que marcó a toda la ciudad. Su padre lo obligó a huir y vivir con la culpa en sile...
09/25/2025

Hace diez años, él causó un accidente que marcó a toda la ciudad. Su padre lo obligó a huir y vivir con la culpa en silencio.
Ahora, tras la muerte de su padre, regresa decidido a enfrentar sus demonios, pero el destino lo golpea con crueldad:
conoce a una chica en silla de ruedas, tan hermosa como inalcanzable…
sin imaginar que ella es la única sobreviviente del accidente que él provocó.

—Hace diez años hubo un accidente trágico en la universidad local —dijo con seguridad. No podía evidenciarse—. Necesito que investigues el nombre del fallecido o fallecida… —insinuó con suavidad—. Si hay culpables y todo lo relacionado al accidente. Te pido discreción.
Empezaba a entrever que se trataba de Priscilla.
Su asistente le miró con preocupación y apuntó en su libreta con calma, pero sus muecas lo delataron.
»¿Tienes algo que decir? —preguntó Brant cuando notó la incomodidad de su asistente.
—No sé si sea bueno que yo le hable sobre esto, Señor Heissman —dijo el hombre con temor y le ofreció una mueca.
—Hazlo —exigió Brant y le miró severo.
—Su padre me contrató para que asistiera sus necesidades, pero me pidió que jamás habláramos sobre esto…
—¡Cállate! —gritó Brant con la cara roja—. ¡Cállate! —repitió fúrico.
Respiró apurado para tranquilizarse, pero no podía. No podía creer lo que había hecho y la forma cruel en la que había vivido los últimos diez años. Había vivido como un asesino. Se lo repetía cuando se levantaba, antes de dormir y antes de subirse a un coche.
Se lo decía cada vez que podía. Se castigaba con ello, con los recuerdos y la forma en que su padre le había alejado de todo para que no fuera a prisión.
—Señor Heissman…
—Es ella, ¿verdad? —preguntó Brant con la voz temblorosa—. Es ella… dímelo… ¡dímelo! —exigió con descontrol.
El asistente le miró con pavor y, no vio al heredero fuerte y déspota de Heissman, vio a un niño asustado, intentando aceptar la culpa con la que había cargado por los últimos diez años.
Le dijo la verdad de la forma más silenciosa que pudo.
Cuando Brant entendió la verdad, se afirmó sobre sus rodillas para contenerse. Tenía ganas de vomitar, de llorar, de gritar. Tenía ganas de salir corriendo y no regresar jamás, pero toda sensación dolorosa quedó anulada cuando ella entró por la puerta.
Movía esa silla de emergencia con sus manos desprotegidas y se atrevió a ingresar a su cuarto cuando oyó sus gritos cargados de amargura.
—¡Brant! —exclamó ella, conmovida y se acercó para consolarlo.
No tenía idea de lo que estaba ocurriendo, pero se acomodó a su lado y tocó su mano para ofrecerle tranquilidad.
«La víctima consolando a su verdugo», pensó Brant y lloró desconsoladamente sobre su regazo…

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Se acercó decidido…—Por fin —jadeó él sobre su boca antes de besarla.Los dos se correspondieron con un beso húmedx, apas...
09/24/2025

Se acercó decidido…
—Por fin —jadeó él sobre su boca antes de besarla.
Los dos se correspondieron con un beso húmedx, apasionadx.
Lo deseabxn todo en ese momento y, podrían haberlo tenido, de no ser por una cosa: Adrielle seguía con ellos.
Los miraba con grandes ojos mientras se metían mano y se besaban. No entendía nada, pero allí estaba, mirándolos con curiosidad.
Estaba tan relajada entre los brazos de Micaela que su tripa se soltó con tal fuerza que, los enamorados se miraron horrorizados cuando oyeron su culx soltando gases a diestra y siniestra.
Nada la detuvo y, de pronto, un intenso aroma para nada agradable inundó la oficina y ese beso apasionado que compartían los enamorados, se vio arruinado por una cagadx líquida y apestosa de mediodía.
Cortesía de la pequeña que cuidaban.
La pareja se miró con horror y se separaron a la fuerza.
Micaela podía apostar que jamás había visto tanto miedo en una mirada y, con el bebé entre sus brazos, soltó una gran carcajada, puesto que, por primera vez, no sabía qué hacer para liberarse de una situación tan incómoda.
Sin dudas, ese momento lo atesoraría para toda su vida, también la cara de Alexander.
—Micaela… ¿qué mierdx está pasando? —preguntó Alex, lleno de horror y puso muecas de asco—. ¿Qué fueron esos estallidos? —investigó asustado.
Ella siguió carcajeándose y alzó a Adrielle en el aire para acercar su nariz y olerle las pomp!s y, en cuanto la alzó sobre su cara, notó las manchas marrones traspasando la ropa blanca.
No tuvo que oler más para saber que el bebé se había ensuciado completo.
Alexander vio aquello e hizo convulsas arcadas exageradas que no se pudo contener de ninguna forma.
—Tenemos que cambiarla —anunció ella y la cara que Alexander le dedicó fue todo un poema.
—Es una broma, ¿cierto? —preguntó asustado y, cuando notó la seriedad con la que su novia le miraba, supo que no era una broma—. No, Micaela, ¡antes mu**to que sucio de…! —inhaló profundo para no ahogarse con el vómito que le subía por la garganta—. Caca…es caca…

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Sport Romance. 🏒Comedia romántica. 😍Ok, voy a decirlo con todas sus letras: El nuevo tiene pestañas y son hermosas. Larg...
09/23/2025

Sport Romance. 🏒
Comedia romántica. 😍

Ok, voy a decirlo con todas sus letras: El nuevo tiene pestañas y son hermosas. Largas, curvadas y eso está jodidamente mal.
No tengo nada contra los tipos con pestañas lindas, pero las de Kane… no son de este mundo, son de portada de revista, de tutorial de TikTok, de comercial de máscara con palabras como volumen, intensidad y colágeno.
Y me jodió el cerebro, porque no es normal mirar a otro tipo a los ojos y quedarte ahí… colgado… como si algo en ti hiciera click.
Un click de los que empiezan incendios y, claro, reaccioné como todo un im***il. Hermoso, Carter. Poético, qué sensible tu corazón, bro.
Ahora el novato me esquiva la mirada como si le hubiera escupido en la sopa. No lo culpo. Fui un id**ta, pero, hey, ¿qué se suponía que debía hacer? ¡Me miró con esos ma***tos ojos de sirena del hielo! ¿Y si de verdad es…? ¿No? Nah. Aunque…
Joder.
Ahora no dejo de mirarlo.
Cuando patina, se mueve distinto. Tiene gracia y técnica, pero no tiene fuerza, ni maldad. Es todo… limpio, demasiado limpio. Y cuando se cayó, lo hizo en cámara lenta. Hasta eso fue bonito. Bonito!
A ver, ¿qué me pasa? Es un tipo. Un tipo delgado, misterioso, mudo, con cara de querer desaparecer y yo no me caliento con tipos, ni con misterios.
¿O sí? No, Rhett. Respira. Ve a golpear algo o a alguien.
Todo menos seguir mirando al novato como si fueras a escribirle un poema.
Lo peor es que ni siquiera puedo joderlo como a los demás. Me siento raro haciéndolo, como si fuera a romper algo que no entiendo.
Y encima, cuando lo miro, me mira igual. Como si supiera que yo sé que no sé qué mi**da me está pasando.
Necesito una cerveza y tal vez un test de orientación sexual.
Y otro casco. Uno que me tape el cerebro.

Ella es una chica, vestida de jugador de hockey… y él… el lo sospecha, pero ahora cree que su orientación sexual esta errada 🤣

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Él le robó un “artefacto misterioso” al novato del equipo sin saber que, en realidad, es una chica…—¿Qué? —gruñí, con la...
09/19/2025

Él le robó un “artefacto misterioso” al novato del equipo sin saber que, en realidad, es una chica…

—¿Qué? —gruñí, con la boca llena de gaseosa.
Ella señaló la copita con un dedo acusador.
—¿Por qué carajxs estás bebiendo en una copa menstrual? ¿Es una especie de ritual para ganar el juego de apertura? —preguntó horrorizada—. Jesucristo, no sé si quiero saberlo.
Me quedé congelado unos segundos.
—¿Copa qué? —repetí como un estúpidx.
Ella estalló en carcajadas, doblándose de la risa.
—¡Copa menstrual, imbéc!l!
Parpadeé. Me miré la mano, la copa, y luego a ella. Escupí la gaseosa que tenía en la boca, con saliva, con todo, como si eso fuera a arreglarlo.
—¿Me estás diciendo que esta mierdx…?
—Sí. Se mete en el coñx. Bien al fondo, idiotx.
La palabra me explotó en el cerebro. COÑX.
Dios, amaba los coñxs… pero no tenía ni putx idea en qué coñx había estado metida esa copita.
—¡¿QUÉ MIERDX?! —bramé, limpiándome la boca con el brazo.
—Oh, por Dios, tu cara. ¿De verdad pensabas que era un vasito portátil? —me preguntó, mirándome como si fuera un estúpido.
—¡Me acabo de beber medio litro de Coca en un… en un…! —me pasé la lengua por los dientes con desesperación...

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Cuando se inclinó para guardar los patines, no lo pensé dos veces: lo empujé contra las taquillas, de espaldas a mí.Hund...
09/16/2025

Cuando se inclinó para guardar los patines, no lo pensé dos veces: lo empujé contra las taquillas, de espaldas a mí.
Hundí la cara en su nuca, en ese ma***to cabello corto que olía a sudor limpio… y debajo, el perfume. Ese mismo perfume que ya me tenía adicto. La mezcla me enloqueció, me llevó a p**o in****no, y de rodillas.
—Jesucristo, Kane… —mi voz salió rota, descontrolada—. Si supieras lo que me haces.
Él se tensó, sí, pero no se apartó.
Solo me miró de reojo por encima del hombro, mientras me aplastaba ese c**o celestial directo contra mi pelvis.
Exacto donde mi polla estaba gritando: “aterriza aquí, cariño. Soy todo tuyo”.
—¿Quieres que me dé la vuelta para que choquemos nuestras espadas, capitán? —ironizó, refiriéndose a mi polla.
Mi mano se aferró a su cintura, firme, como si al soltarlo fuera a desaparecer.
Me incliné, la boca rozando su oreja, la respiración ardiéndole en la piel.
—¿Puedo ir más lejos? —pregunté, excitado, medio gruñido, medio súplica.
Silencio. Un segundo eterno. Él respiraba contra mi pecho, al mismo ma***to ritmo que yo.
—Hasta donde quieras —susurró.
No dudé. Llevé la otra mano directo a su c**o y lo apreté fuerte, los dedos marcando sobre la tela húmeda del pantalón de entrenamiento.
La forma era demasiado perfecta para un chico.
Jadeé contra su cuello y me atreví a besarlo, sin control, con la lengua probando su sudor. Salado, caliente, mejor de lo que debería.
Él contuvo un gemido, uno que no sonó nada masculino y eso me voló la p**a cabeza.
—Mierda… —murmuré, hundiendo la nariz en su piel—. Esto no es normal. No eres normal.
Lo toqué otra vez, más descarado, los dedos recorriendo cada curva como si quisiera memorizarla. Y ahí estaba: Kane, pegado contra las taquillas, respirando fuerte y dejándome hacerlo.
Y yo, con la polla dura, sabiendo que esta vez había cruzado una línea de la que ya no iba a volver...

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