11/27/2025
—“¡Viejo, lárgate! Aquí no atendemos mendigos.”—esas fueron las primeras palabras que escuchó Arturo cuando tocó la puerta de su propio restaurante, vestido con ropa sucia y un abrigo viejo que había encontrado en una tienda de segunda mano. Su cabello despeinado, su barba larga y su caminar lento bastaron para que el guardia de seguridad lo empujara hacia afuera sin siquiera mirarlo a los ojos.Nadie allí podía imaginar que aquel anciano “mendigo” era, en realidad, el dueño del establecimiento. Arturo, un millonario de sesenta y ocho años, había construido aquel restaurante con sus propias manos y sacrificios, pero hacía años se había retirado de la administración, dejándola en manos de su gerente más confiable: Rodrigo. Sin embargo, rumores sobre malos tratos hacia los empleados y clientes pobres lo llevaron a realizar aquella prueba silenciosa. Necesitaba saber en qué se había convertido su legado.
Confundido por la brusquedad, Arturo intentó nuevamente entrar, esta vez levantando la voz:—Por favor, solo quiero un vaso de agua.El guardia se rió con desprecio.—Aquí no regalamos nada, viejo. Vete a un refugio.Cuando Arturo insistió, una camarera joven se acercó, frunciendo el ceño.—No haga escándalo, señor. Está espantando a los clientes.Él bajó la mirada, sintiendo un n**o en el pecho...
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