11/20/2025
After a few nights of rest back at home, I’ve finally had a chance to reflect on last week’s Baja 1000. First, I want to thank Alma and David Winkel, the Baja Goats team owners, for inviting me to join them as a co-driver—a true bucket-list opportunity I could never have turned down. So few people ever get the chance to compete in this world-class event, and even fewer can say they’ve finished it.
As our pit-crew captain shouted in our ears toward the end—at a point when our hope of finishing was fading—“THIS IS THE BAJA 1000! Keep the car moving!” And somehow, through significant adversity—including four rollovers, countless tire punctures, bent wheels, broken parts, failing radios and navigation systems, brutal weather, and complete darkness—we crossed the finish line with just 14 seconds to spare in the 36 hours allotted.
It was an honor to be part of our 27-person race team. Through all the emotional highs and lows of a two-day endurance race, one thing became absolutely clear: we could not have done it without every single member contributing in their own way. At the end of the day, the race car may be what crosses the finish line—but it’s the team that gets it there.
A very special shout-out goes to Gustavo and his crew at Aerodynamix Race Prep, who not only prepared the car but also served as our pit crew throughout the race. They handled driver changes, kept eyes on us every mile, and were always ready with lights, fuel, food, drinks—and even a blanket when I was convinced I was going hypothermic.
What did I learn along the way? Racing is truly a team sport. You get to know complete strangers incredibly well, incredibly quickly during the chaos of race week. And the Baja 1000? It absolutely lives up to the hype, the difficulty, and the legend.
Thank you all for the support—the messages, the follows, and the more than 4,000 people who tuned into our live tracker. And please remember to support the Ronald McDonald House Charity that we race for; any contribution means the world.
I’ll leave you with a few images from the race—and I promise, much more video and many more photos are on the way!
(Perdón por mi mal español.)
Después de unas noches de descanso en casa, por fin he podido reflexionar sobre la carrera Baja 1000 de la semana pasada. Primero quiero agradecer a Alma y David Winkel, los dueños del equipo Baja Goats, por invitarme a unirme como copiloto—una oportunidad de mi lista de deseos que definitivamente no podía rechazar. Muy pocas personas tienen la oportunidad de competir en este evento de clase mundial, y muchas menos pueden decir que lo terminaron.
Como nos gritó nuestro capitán de pits hacia el final de la carrera—justo cuando nuestra esperanza de terminar estaba disminuyendo—“¡ESTO ES LA BAJA 1000! ¡Mantengan el carro en movimiento!” Y de alguna manera, a pesar de una enorme cantidad de adversidades—incluyendo cuatro volcadas, incontables ponchaduras, rines doblados, piezas rotas, fallas en las radios y en la navegación, clima terrible y completa oscuridad—cruzamos la meta con solo 14 segundos restantes dentro de las 36 horas asignadas.
Fue un honor ser parte de nuestro equipo de aproximadamente 27 personas. Entre todos los altibajos emocionales de una carrera de resistencia de dos días, una cosa quedó absolutamente clara: no lo hubiéramos logrado sin cada uno de los integrantes aportando a su manera. Al final del día, el auto es el que cruza la meta, pero es el equipo quien lo lleva hasta ahí.
Quiero dar un agradecimiento muy especial a Gustavo y su equipo en Aerodynamix Race Prep, quienes no solo prepararon el carro, sino que también fungieron como nuestro equipo de pits durante toda la carrera. Ellos manejaron los cambios de piloto, nos siguieron en cada kilómetro, y siempre estaban listos con luces, gasolina, comida, bebidas—e incluso una cobija cuando estaba seguro de que me estaba dando hipotermia.
¿Qué aprendí en el camino? Que las carreras realmente son un deporte de equipo. Conoces a completos desconocidos muy bien y muy rápido durante la frenética semana de la carrera. Y la Baja 1000… sí, realmente está a la altura de su fama, su dificultad y su leyenda.
Gracias a todos por el apoyo—los mensajes, los follows y las más de 4,000 personas que se conectaron a nuestro rastreador en vivo. Y por favor recuerden apoyar a la fundación Ronald McDonald House, por la que corremos. Cualquier contribución es más que agradecida.
Los dejo con algunas imágenes de la carrera, y prometo que vienen muchos más videos y fotos.