08/08/2026
ME FUI DE MI PAÍS Y NO LLORÉ.
Y cada vez que regreso… tampoco lloro cuando me voy.
Amo ir. Amo ver a mi familia. Amo la comida, los planes, las conversaciones largas, las risas que solo pasan allá. La paso delicioso. Me parece un lugar increíble para visitar.
Pero no necesariamente para vivir.
Y decir esto me costó mucho.
Porque en redes casi siempre veo lo contrario: despedidas en aeropuertos llenas de lágrimas, nostalgia eterna, culpa por haberse ido…
Y a mí no me pasa eso.
Cuando nos despedimos es más bien:
“Qué rico vernos.”
“Gracias por estos días.”
“Creamos nuevos planes.”
“Nos vemos pronto.”
No es tristeza.
Es gratitud.
Simplemente soy más yo viviendo en otro país.
Y eso está bien.
A mi familia también le hace bien estar donde estamos. Hemos crecido. Hemos evolucionado. Hemos encontrado claridad.
Y creo que también es válido emigrar desde la expansión, no desde la herida.
¿Soy la única que siente esto y no lo había dicho en voz alta?
Inspirado en La Vida En El Extranjero 🤍