12/25/2025
"Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis". Mateo 25: 42-45
Jesús fue refugiado, exiliado y desplazado desde la cuna. María y José tuvieron que huir con el bebé recién nacido para escapar de un poder que, como Herodes, convirtió el miedo en violencia y señaló a un niño pobre como amenaza. Aquel imperio ordenó la matanza; hoy otros imperios dictan deportaciones, encierros y expulsiones. Cambian los métodos, no la lógica.
Ese niño perseguido predicó la paz, la dignidad y el amor al prójimo. Defendió al extranjero, al pobre, al descartado. Nunca bendijo muros ni cárceles, nunca llamó delito a huir para vivir.
Sin embargo, hoy Jesús vuelve a ser criminalizado con otros rostros: niños y niñas migrantes, personas desplazadas, familias rotas por fronteras y leyes inhumanas.
Los Herodes de ayer y de hoy se reconocen en lo mismo: gobernar o llegar al poder desde el miedo y señalando enemigos, los más débiles.
Hoy Herodes tiene varios rostros, su discurso de odio hoy se escucha en los Trump, Abascal, Feijóo, Meloni, Orbán y otros populistas de ultraderecha, paradójicamente esos seres se proclaman cristianos y provida mientras persiguen la vida concreta, la que cruza fronteras, la que pide refugio, la que incomoda. Aman símbolos y dogmas, pero desprecian al ser humano real.
Así, Jesús sigue siendo detenido, deportado y encerrado. No en nombre del Imperio romano, sino bajo, discursos de odio y una hipocresía que usa la fe como coartada. Los Herodes de hoy continúan persiguiendo a Jesús, porque cada vez que se criminaliza al migrante, se vuelve a perseguir al niño refugiado que nació huyendo.
Jesús habría sido deportado por Trump.
Detenido por las leyes de Meloni.
Señalado y deshumanizado como amenaza por Abascal.
Ignorados y tirados al frío del invierno de Navidad por Feijóo y los suyos.
Los nuevos Herodes rezan en público mientras proclaman el odio. Usan la cruz como coartada y la fe como arma política para engañar.
La hipocresía es su mayor pecado: llamar cristianismo a la xenofobia, valores a la exclusión, vida a la muerte administrada. Porque si Jesús regresara hoy, no nacería en sus palacios ni sería recibido en sus templos: volvería a huir, perseguido por los mismos que dicen adorarlo.
¡Feliz Navidad, en Resistencia y prospera Rebeldía !