La Mal Querida

La Mal Querida Historias reales contadas por mujeres y hombres que han amado, perdido y también aprendido a ser felices otra vez. Cuéntanos tu historia, aquí nadie te juzga. 💌

Un espacio para llorar, reír y sanar juntos.
💗 A veces escribir libera más que olvidar.

Mi consuegra le dijo "arrimada" a mi hija enfrente de todos los invitados en su propia boda… y yo no me quedé callada. 😤...
08/11/2026

Mi consuegra le dijo "arrimada" a mi hija enfrente de todos los invitados en su propia boda… y yo no me quedé callada. 😤

Mi hija, Fernanda, tiene 27 años y desde los 20 ha trabajado dando clases particulares y ahorrando poco a poco. Hace tres años conoció a Ricardo, un muchacho trabajador, dueño de un pequeño taller mecánico que heredó de su papá.

Desde el compromiso supe que la mamá de él, doña Concepción, no la quería. Nunca lo dijo directo, pero se le notaba en cada comentario.

"Mi hijo pudo haber conseguido algo mejor" le dijo una vez a una tía frente a mí, como si yo no estuviera ahí.

En otra ocasión, en una comida familiar, le preguntó a Fernanda delante de todos: "¿Y tú qué le vas a aportar al matrimonio, aparte de tu sueldo de maestra?"

"Mi amor, mi respeto y mis ganas de sacar esto adelante junto con Ricardo" le contestó mi hija, tratando de no meterse en pleitos.

"Ay, eso lo dicen todas" respondió doña Concepción, sin más.

Yo apretaba los dientes cada vez, pero siempre pensé: por el bien de los muchachos, hay que llevar la fiesta en paz.

Ricardo, en varias ocasiones, sí le llamó la atención a su mamá en privado. "Mamá, ya deja de hablarle así a Fernanda, la vas a alejar" le decía. Y ella respondía: "Yo nada más digo la verdad, tú luego me lo agradecerás."

Llegó el día de la boda. Todo iba bien hasta el brindis. Cuando le tocó el turno a doña Concepción, se paró con la copa en la mano y empezó a hablar de lo orgullosa que estaba de su hijo, de todo lo que había logrado él solo, con esfuerzo, sin ayuda de nadie.

"Y bueno, ya sabemos que Fernanda no llegó con mucho, pero mi hijo la supo levantar" dijo, sonriendo, como si fuera un halago.

Se hizo un silencio incómodo. Mi hija se puso roja y bajó la mirada. Algunos invitados voltearon a verme.

"¿Perdón?" le pregunté, parándome también.

"Ay Renata, no te ofendas, es broma" me contestó, restándole importancia con la mano.

"No es broma, es la boda de mi hija y la acabas de llamar arrimada enfrente de cien personas."

"Yo no dije eso."

"Lo acabas de decir, con micrófono en mano."

Ricardo intervino, apenado: "Mamá, ya, por favor, siéntate."

Pero doña Concepción no se quedó ahí. "Es que hay que decir las cosas como son. Mi hijo tiene su taller, su carro, su casa pagada. Fernanda llegó nada más con sus maletas y su sueldo de maestra, que ni para la renta de un cuarto le alcanzaba."

Sentí que me hervía la sangre, pero traté de mantener la calma por mi hija.

"Mi hija llegó con su profesión, con un trabajo digno, con la casa que ella misma ha ido pagando desde que empezó a trabajar a los 20 años. Y sobre todo llegó con respeto, algo que a ti, con todo y tu casa pagada, parece que no te enseñaron."

Varios invitados se quedaron callados, otros hasta se rieron por lo bajo. Mi comadre, sentada cerca, me hizo una seña de que le bajara.

"¿Me estás faltando al respeto en la boda de mi hijo?" me reclamó, ya molesta, alzando la voz.

"Tú le faltaste al respeto primero a mi hija, en su propia boda, con micrófono y frente a todos."

Fernanda, con lágrimas en los ojos, me tomó del brazo. "Mamá, ya, por favor, no aquí, no arruines mi fiesta."

Me controlé por ella. Me senté, respiré hondo, y dejé que la fiesta siguiera, aunque ya no pude disfrutar el resto de la noche.

Al día siguiente Ricardo llamó a mi hija para disculparse en nombre de su mamá. "Fernanda, perdón, así es mi mamá, siempre ha sido así, no te lo tomes personal" le dijo.

Pero doña Concepción nunca llamó directamente ni conmigo ni con mi hija.

Mi comadre me dice que debí ignorarla y no hacer un escándalo en la boda, que esas cosas se aguantan por el bien de la fiesta.

Mi hermana, en cambio, dice que hice bien, que nadie tiene por qué humillar a mi hija en su propio día solo porque no llegó con dinero al matrimonio.

Fernanda me pidió que la próxima vez que la vea, por favor no diga nada, que ya está casada y tiene que aprender a llevarse con su suegra por el bien de su matrimonio.

"Mamá, entiendo que la defiendas, pero yo soy la que tiene que convivir con ella de aquí en adelante" me dijo, ya más tranquila, unos días después.

Lo entiendo. Pero no sé si voy a poder quedarme callada otra vez si vuelve a faltarle al respeto a mi hija delante de la gente.

¿Hice mal en defenderla frente a todos? ¿Debí haberme aguantado por no hacer un show en la boda? ¿O una mamá tiene derecho a parar en seco ese tipo de comentarios, sea donde sea y cueste lo que cueste?

Me llamo Luis y hay algo que me cuesta muchísimo admitir: amo a mi esposa con toda mi alma, pero últimamente siento que ...
08/10/2026

Me llamo Luis y hay algo que me cuesta muchísimo admitir: amo a mi esposa con toda mi alma, pero últimamente siento que estoy perdiendo mi matrimonio por culpa de una persona que ni siquiera vive con nosotros: mi suegra.💔

Y lo peor es que no sé qué hacer, porque cada vez que intento hablarlo con mi esposa, terminamos peleando. Yo no odio a mi suegra, de verdad que no porque ella es la madre de la mujer que amo y también es la abuela de mis hijos.

He intentado llevarme bien con ella, respetarla y mantener la distancia necesaria para evitar problemas.
Pero parece que para ella no existe la palabra “distancia” cuando se trata de nuestra familia.

Ella tiene su propia casa, tiene su propia vida, no vive con nosotros pero basta una llamada telefónica para que en mi casa se desate una discusión.😞

A veces ni siquiera tiene que venir, mi esposa puede estar tranquilamente preparando la comida y de repente recibe una llamada de su mamá ella comienza diciendo “¿Y qué van a hacer hoy?”
“No sé, todavía no hemos decidido” le responde mi esposa y … entonces empiezan las preguntas “¿Y van a salir?”
“Sí, queremos llevar a los niños a pasear” eso responde mi mujer cuando mi suegra comienza con una serie de frases que me ponen de mal humor, frases como “¿Y para qué? ¿Cuánto van a gastar?”

Mi esposa empieza a explicarle y ahí es donde todo cambia, su madre empieza a decir más y más cosas que me enojan aún más entre esas están: “Pues yo digo que no deberían gastar en eso. Mejor ahorren.”

O si estamos planeando comprar algo para la casa: “¿Y de verdad necesitan eso?”
Si queremos llevar a los niños al médico: “No los lleven por cualquier cosa. Les van a dar antibióticos y tanto antibiótico les hace daño”

Pero lo curioso es que después recomienda productos “naturistas” que ella compra o consigue por su cuenta, como si por tener una etiqueta que dice “natural” automáticamente fueran buenos.
Yo he investigado algunas de esas cosas y sé que ciertos productos pueden causar problemas si se utilizan sin supervisión, incluso afectar los riñones o provocar otras complicaciones, cuando se lo digo a mi esposa, ella se molesta.
“Mi mamá sabe lo que dice.”
“Pero no es doctora” le respondo.
“Pues tú tampoco” y comienza otra discusión.
Yo no pretendo saber más que un médico, precisamente por eso quiero que cuando nuestros hijos estén enfermos los vea un profesional, son nuestros hijos, no los de mi suegra y creo que tenemos derecho a decidir cómo cuidarlos.❤️

Pero parece que cada decisión que tomamos tiene que pasar primero por la aprobación de ella hasta las cosas de la escuela.

Hace unos meses estábamos haciendo la lista de útiles de los niños, mi esposa estaba revisando precios y yo estaba viendo qué podíamos comprar de una vez para no dejar todo al último momento mi suegra llamó “¿Y ya compraron todo?”
“Todavía no “ contestó mi esposa.
“Pues no compren de más. ¿Para qué quieren gastar tanto?” Dijó la señora. Mi esposa comenzó a explicarle que algunas cosas eran necesarias, yo estaba sentado a unos metros escuchando.
Entonces escuché la frase que ya se había vuelto casi un lema en nuestra casa: “Está bien, si tienen.” Después: “Si tienen dinero, háganlo.” Parecía que cada peso que gastábamos tenía que ser aprobado por ella, lo más irónico es que muchas veces ni siquiera sabe cuánto ganó , cuánto debemos, cuánto gastamos en la escuela, en comida, en servicios o en los niños, simplemente opina y creo que es porque mi esposa le da muchas explicaciones y no debería hacerlo, ya no es una niña o adolescente que viva con sus padres, de hecho su padre no vive aquí, él se fué a trabajar al país vecino y no ha regresado en más de 20 años. Mi suegra va de visita y solo en esos meses podemos dejar de discutir. ❤️

Pero, cuando ella regresa su opinión termina convirtiéndose en una discusión entre mi esposa y yo.
Una vez decidimos salir un fin de semana con los niños, no era ningún viaje de lujo, simplemente queríamos llevarlos a conocer un lugar, comer algo y pasar tiempo juntos, mi esposa se lo contó y mi suegra inmediatamente comenzó:
“¿Otra vez van a salir?”
Mi esposa se quedó callada.
“Pues sí “ respondió finalmente.
“¿Y cuánto van a gastar?”
No pude evitar intervenir “No mucho” Ella me respondió: “Pues deberían pensar más en ahorrar”
No dije nada, me quedé callado pero por dentro estaba hirviendo porque yo trabajo para que a mi familia no le falte lo necesario. Mi esposa no trabaja fuera de casa, ella se queda con los niños, se encarga de la casa y de muchas cosas que yo sé que también son un trabajo.
Nunca le he reclamado que no tenga un sueldo, sé perfectamente que cuidar a dos niños, cocinar, limpiar, llevarlos a la escuela y estar pendiente de ellos también requiere esfuerzo, pero eso no significa que mi suegra tenga derecho a tratarme como si yo fuera un irresponsable con el dinero y mucho menos cuando soy yo quien actualmente aporta prácticamente todo el dinero de la casa.

He pagado colegiaturas, comida, servicios, ropa, medicamentos, salidas y todo lo que necesitan mis hijos y aun así he recibido comentarios de ella como: “Luis debería pensar mejor las cosas”
“Luis gasta demasiado”
“Luis debería consultar antes de comprar”
¿Consultar con quién? ¿Con ella?
¿Antes de comprar algo para mi propia casa? Una noche exploté, habíamos tenido una discusión porque mi esposa quería hacer algo que su mamá le había recomendado yo le dije: “No estoy de acuerdo”
“Pues mi mamá dice que es mejor así”
“Pero nosotros somos los padres” le respondí, ella me miró con una expresión que jamás voy a olvidar.
“Siempre quieres hacer menos a mi mamá” me dijo enojada.
“No quiero hacerla menos. Quiero que entiendas que nuestra familia la formamos tú, yo y nuestros hijos.”
“Ella es mi madre” “Ella me dio la vida”
“Y yo soy tu esposo” ambos nos quedamos en silencio después de esas palabras .😞
Casi luego me dijo algo que me dolió muchísimo.
“Mi mamá siempre ha estado para mí. Tú no tienes derecho a decirme que no la escuche.”

Yo respiré profundamente.
“Nunca te he dicho que no la escuches. Te estoy pidiendo que no permitas que cada cosa que ella diga termine provocando una pelea entre nosotros.”

Pero mi esposa no lo entendió o quizá no quiso entenderlo. Desde entonces, cualquier comentario que hago sobre mi suegra se convierte en una discusión.💔

Y lo peor es que ella se ha permitido decirme cosas que jamás pensé que tendría que escuchar de la madre de mi esposa, me ha llamado irresponsable, me ha hecho comentarios despectivos y cuando se lo cuento a mi esposa, ella siempre encuentra una explicación.
“Así es mi mamá.” “No lo dijo con mala intención” “Está preocupada por nosotros” “Tú también la provocaste”
Esa última frase es la que más me duele porque entonces parece que yo soy el culpable de que alguien me falte al respeto. Y no, yo puedo estar equivocado en muchas cosas.
Puedo cometer errores como esposo y como padre, pero no creo que eso le dé derecho a nadie de insultarme.

Una noche tuvimos la peor pelea de todas, mi suegra había llamado porque quería saber qué habíamos decidido hacer con una situación relacionada con los niños y la escuela, mi esposa le contó.
Yo escuché cómo su madre le decía que nuestra decisión no era buena, después comenzó a darle otra opción, mi esposa estuvo de acuerdo, cuando colgó, le pregunté:
“¿Entonces qué vamos a hacer?”
“Lo que dijo mi mamá” me respondió sentí que algo dentro de mí se rompió? Le dije que todas nuestras decisiones terminan siendo las decisiones de su mamá ella siempre dice que porque ella tiene experiencia. ¿Y yo qué soy? ¿Un invitado en mi propia casa?

Entonces le dije algo que llevaba meses guardándome “Siento que estoy casado contigo, pero también estoy casado con tu mamá”
Ella se puso furiosa “¡No vuelvas a hablar así de mi madre!”
La discusión subió de tono, terminamos diciéndonos cosas que no debimos decir.
Y esa noche dormimos separados, yo me quedé mirando el techo durante horas, pensé en mis hijos, pensé en mi esposa, en todo lo que habíamos construido.
Y me pregunté:
¿En qué momento dejamos de ser una pareja? Porque yo todavía la amo y muchísimo. A pesar de las peleas, todavía quiero abrazarla, todavía me preocupa cuando está triste, todavía quiero llegar a casa y encontrarla, envejecer con ella.
Pero también estoy cansado, cansado de sentir que cualquier decisión puede convertirse en un problema, de que una llamada de mi suegra cambie el ambiente de mi casa, cansado de escuchar: “Mi mamá dice...mi mamá piensa...mi mamá me recomendó...mi mamá cree que...”

Ya ni siquiera sé cuándo estamos tomando una decisión nosotros y cuándo simplemente estamos siguiendo instrucciones.

Y hay algo que me preocupa todavía más, mis hijos están empezando a darse cuenta una tarde uno de ellos me preguntó: “Papá, ¿por qué siempre discuten cuando habla la abuela?” No supe qué responder, me quedé completamente en blanco porque no quería hablar mal de su abuela pero tampoco quería mentirle solo le dije: “A veces los adultos no estamos de acuerdo”
Y me abrazó, ese abrazo me destruyó porque entendí que ya no se trataba solamente de mi esposa, de mi suegra o de mí nuestros hijos están viendo todo.

Están creciendo en medio de discusiones que nosotros deberíamos saber resolver.
Y entonces me hice una pregunta que no he podido sacar de mi cabeza: ¿Hasta dónde debe llegar el respeto hacia una suegracuando ese respeto empieza a destruir el matrimonio de su hija?
Yo no quiero alejar a mi esposa de su mamá, o quiero que deje de hablarle.

Solo quiero que mi esposa entienda algo: Su mamá puede aconsejarnos, pero la última palabra sobre nuestros hijos, nuestro dinero, nuestra casa y nuestra vida debería ser de nosotros.

Porque cuando nos casamos, yo entendí que estábamos formando una familia, no que estábamos incorporando a una tercera persona a nuestro matrimonio. Y ahora estoy parado frente a una decisión que jamás pensé tener que tomar, seguir aguantando hasta que esto termine por destruirnos... O poner un límite, aunque eso provoque una guerra familiar, porque amo a mi esposa, pero también necesito que ella me elija, no por encima de su madre sino al lado de mí porque una cosa es amar a los padres y otra muy distinta es permitir que alguien más tome las decisiones de tu matrimonio. Y quizá mi mayor miedo no es perder a mi esposa, mi mayor miedo es que, cuando finalmente ella se dé cuenta de lo que está pasando, ya sea demasiado tarde para salvar lo que durante tantos años intentamos construir juntos.💔

¿Ustedes qué harían en mi lugar?
¿Pondrían un límite aunque eso significara enfrentarse a mi suegra?

Me llamo Rosario, tengo 61 años. Enviudé hace catorce meses. Mi esposo Fernando y yo estuvimos casados 38 años 💙Fernando...
08/09/2026

Me llamo Rosario, tengo 61 años. Enviudé hace catorce meses. Mi esposo Fernando y yo estuvimos casados 38 años 💙

Fernando manejaba. Siempre. Yo nunca aprendí porque nunca hizo falta.

"¿Para qué aprendes, Chayo? Para eso me tienes a mí"

Y yo le creía. Me subía del lado del copiloto, ponía la música, y él manejaba. Así fueron 38 años.

Cuando Fernando murió, el carro se quedó en la cochera, tapado con una lona. Nadie lo movía.

Mi hijo Ramiro me dijo: "Mamá, véndelo. Nada más se va a echar a perder"

"Todavía no"

"¿Y para qué lo quieres si no manejas?"

No supe qué contestarle.

Los primeros meses no me importó. Salía poco. A la tienda de la esquina, a la iglesia que está a tres cuadras, y ya.

Hasta que mi comadre Lucha me invitó a un retiro en un pueblo a dos horas de aquí.

"Ay comadre, no puedo. ¿Cómo le hago para llegar?"

"Pues en camión"

"Son tres camiones y una combi. No, mejor no"

Colgué y me quedé sentada en la sala. Y ahí me cayó el veinte 😔

Ya no iba a ninguna parte. No porque no quisiera. Sino porque no sabía cómo.

Toda mi vida dependí de que alguien me llevara. Primero mi papá. Después Fernando. Ahora mis hijos, cuando pueden, que casi nunca pueden.

"Mamá, hoy no puedo, tengo junta"
"Amá, es que ando bien ocupado"
"Al rato paso por ti"

Y el "al rato" se volvía las ocho de la noche.

Un domingo mi nieta Camila, que tiene 19, me llevó al panteón. En el camino le pregunté:

"Cami, ¿tú cómo aprendiste a manejar?"

"Mi papá me enseñó en el estacionamiento del súper. ¿Por qué, abue?"

"Por nada. Curiosidad"

"¿Quieres aprender?" 😯

"No, mija. Ya estoy grande para eso"

"Abue, tienes 61, no 100"

Me reí. Pero en la noche no pude dormir pensando en eso.

El lunes hablé a una escuela de manejo.

"¿Es para usted, señora?"

"Sí. ¿Aceptan gente de mi edad?"

"Uy sí. Ahorita tengo una señora de 74 tomando clases"

Colgué con el corazón latiendo fuerte.

No le dije a nadie. Nada más a Camila, porque necesitaba que alguien me llevara a la primera clase 🚗

El maestro se llama don Chuy, tiene como 50 años y una paciencia de santo.

"A ver señora Rosario, primero acomode el asiento"

"¿Así?"

"Más cerca. Tiene que alcanzar bien los pedales"

Me temblaban las manos. Pensé: "esto fue una tontería, voy a terminar chocando y llevándome a alguien de corbata"

Arranqué. Avancé como diez metros y se me apagó.

"Perdón, perdón"

"No pasa nada. Otra vez"

Lo más difícil fue el clutch. Se me apagaba el carro cada tres metros.

"Otra vez, señora. Suelte despacito"

"Es que Fernando lo hacía como si nada"

"Todos lo hacemos como si nada después de treinta años"

Ese día di una vuelta completa al estacionamiento. Una. Y salí sudando como si hubiera corrido un maratón 😅

Pero salí sonriendo.

En la cuarta clase ya salimos a la calle. En la sexta me subí a una avenida y casi lloro de los nervios.

"Respire, señora. Usted va bien"

"Es que hay muchos carros"

"Y todos van igual de nerviosos que usted, nada más que ya se acostumbraron"

En la octava don Chuy me dijo: "Ya con esto se defiende. Lo que le falta es calle, y eso nadie se lo enseña más que manejando"

Cuando les conté a mis hijos, se hizo un silencio en la mesa.

Ramiro fue el primero: "¿Cómo que estás tomando clases de manejo?"

"Ya las terminé. Ahora voy por mi licencia"

"Mamá, ¿estás loca? ¿A tu edad?"

"¿Qué tiene mi edad?"

"Que tus reflejos ya no son los mismos"

Mi hija Norma se puso peor: "Amá, imagínate que te pasa algo. ¿Nosotros cómo nos vamos a sentir?"

"¿Y cómo creen que me siento yo encerrada en la casa esperando a que alguien tenga tiempo de llevarme?" 😕

"Nosotros te llevamos"

"Norma, la semana pasada te pedí que me llevaras al dentista y me dijiste que hasta el otro jueves"

"Es que ando muy ocupada, mamá"

"Exacto. Por eso aprendí"

Ramiro dijo la frase que más me dolió: "Es que mi papá nunca te dejó manejar por algo, mamá. Él sabía que no eras buena para eso"

Me quedé callada. Pero por dentro pensé: tu papá no me dejó manejar porque le gustaba que yo dependiera de él. Y yo lo permití 38 años.

No lo dije. Fernando ya no está y no voy a hablar mal de él. Lo quise mucho. Pero eso no significa que todo lo que hizo estuvo bien.

Agendé mi cita en la página. La primera libre era hasta tres semanas después.

Llegué al módulo con mi carpeta, original y copia de todo.

Primero el examen en la computadora. Diez preguntas, diez minutos. Me temblaban las manos más que en la primera clase con don Chuy.

Saqué nueve de diez. Fallé la del límite de velocidad en zona escolar 😅

Luego me pasaron al simulador. Un volante, pedales, pantallas, cinturón.

"Señora, este es automático"

"¿Cómo automático? Yo aprendí en estándar"

"Aquí nada más hay freno y acelerador. Ponga la palanca en drive y ya"

Me quedé viendo esa palanca como si fuera de otro planeta. Ocho clases aprendiendo a coordinar el clutch, y resulta que la máquina no lo tenía.

"Primero va un ratito nada más para que se acomode. Después empieza la evaluación"

Y ahí me di cuenta de algo: yo ya sabía manejar en la calle. Pero eso no era la calle.

Mi pie izquierdo buscaba un clutch que no existía. Empezó a llover en la pantalla. Se me atravesó un peatón. Y luego salió un ciclista de la nada.

No alcancé a frenar.

Reprobé. Ahí mismo, en automático.

Me levanté de esa máquina con las piernas temblando y me salí al estacionamiento a llorar como niña 😢

Sesenta y un años y reprobando un videojuego.

Lo peor no fue eso. Lo peor fue llegar a la casa.

"¿Y? ¿Cómo te fue?" me preguntó Ramiro

"Reprobé"

Y él, en vez de abrazarme, dijo: "¿Ya ves, mamá? Te lo dije"

Tres palabras. Te lo dije.

Esa noche estuve a punto de vender el carro. De verdad. Ya había hecho las cuentas de para qué me iba a servir el dinero.

Me habló Camila: "Abue, ¿ya lo vas a intentar otra vez?"

"No mija. Ya para qué"

"¿Sabes cuánta gente reprueba eso? Un montón. Mi amigo Beto reprobó y él tiene 22 años"

"¿De verdad?"

"De verdad, abue. No es cosa de edad. Es cosa de que le agarres"

Hay que esperar 60 días para volver a presentarlo. Dos meses.

Esos dos meses seguí practicando con don Chuy. Le pagué cuatro clases más, de mi dinero, sin decirle a nadie.

"Señora, usted maneja bien. Lo que le falta es no asustarse"

"Es que se me atravesó un ciclista"

"Y en la calle se le van a atravesar mil. Por eso el examen es así"

Volví al módulo con mi cita nueva. La misma fila, la misma computadora, la misma máquina.

Esta vez me acordé de dónde poner el pie izquierdo: en el piso, quieto.

Y esta vez no se me atravesó nadie que no viera.

Pasé. Lo dijo el sistema solo, sin que nadie opinara, sin que nadie me tuviera lástima 💙

Me tomaron la foto para la licencia. Salí horrible, con cara de cansada.

No me importó. Es el primer papel en toda mi vida que dice que yo puedo hacer algo sola.

Destapé el carro. Batería nueva, servicio, lavado.

Mi vecina me vio y me gritó desde su reja: "¡Ay doña Chayo! ¿Y ahora?"

"Ahora manejo yo, Male" 😊

La primera vez que salí sola fui a la tienda que está a seis cuadras. Seis cuadras. Me estacioné mal, tardé cinco minutos en salir del cajón, y regresé con las manos entumidas de apretar el volante.

Pero llegué. Sola.

Me senté en la sala y me solté a llorar. No de tristeza. De otra cosa que todavía no sé cómo se llama 💔

La semana pasada fui al retiro con mi comadre Lucha. Dos horas de carretera. Yo manejando.

"Comadre, todavía no me la creo" me dijo en el camino

"Ni yo, Lucha. Ni yo"

Pusimos música. Cantamos. Nos paramos a comer gorditas en un puesto de la carretera porque se nos antojó, no porque alguien decidiera parar.

Eso fue lo más raro de todo: decidir yo. A dónde ir, a qué hora, cuánto quedarme.

Sesenta y un años y era la primera vez.

Ayer Camila me mandó un mensaje: "Abue, ¿me llevas el sábado al centro?"

Le contesté: "Claro mija. Yo paso por ti" 🚗

Se me hizo un n**o en la garganta al escribirlo. Yo paso por ti. Nunca en mi vida había escrito esas tres palabras.

Ramiro sigue diciendo que un día me van a hablar del hospital. Puede ser. Nadie tiene la vida comprada.

Pero prefiero eso a pasar los años que me quedan sentada junto a la ventana, esperando a que alguien tenga un rato libre para mí.

Fernando manejó 38 años y me llevó a todas partes. Se lo agradezco.

Ahora me toca a mí llevarme 💙

Me llamo Liliana y durante mucho tiempo pensé que, dentro de mi familia, podía confiar en todos.☺️Hoy ya no estoy tan se...
08/08/2026

Me llamo Liliana y durante mucho tiempo pensé que, dentro de mi familia, podía confiar en todos.☺️

Hoy ya no estoy tan segura, tengo 24 años y estoy en la última etapa de una carrera que me ha costado muchísimo. Actualmente hago mi servicio social como médico. 🧑‍⚕️

Han sido años de estudiar, desvelarme, hacer sacrificios y aprender a administrar cada peso que tengo. Quizá por eso siempre he sido muy cuidadosa con mi dinero.

Mis padres todavía me dan un poco para mis gastos y, aunque muchas veces era una cantidad pequeña, yo acostumbraba guardar una parte. No era una fortuna, pero para mí significaba muchísimo porque sabía perfectamente cuánto trabajo me había costado llegar hasta donde estaba.

Mientras otras personas gastaban todo lo que recibían, yo prefería ahorrar moneda tras moneda, billete tras billete, fui haciendo mis pequeños ahorros.❤️

Y entonces mi hermana menor, Liz, regresó a vivir a la casa de mis padres. Liz todavía no había terminado la universidad y, para ser completamente sincera, siempre había sido un dolor de cabeza para mis padres.

No porque fuera mala persona, sino porque nunca parecía tomarse las cosas con la misma responsabilidad que yo. Dejó materias, cambió de planes varias veces y siempre terminaba necesitando que mis padres la ayudaran. Y aun así, ellos siempre la consentían, eso era algo que desde hacía años me molestaba.😡

Yo había aprendido a resolver mis problemas sola, mientras que a Liz siempre le encontraban una solución.

Esta vez llegó con su esposo porque él había perdido el empleo y ya no podían mantenerse por su cuenta.
Mis padres, como siempre, abrieron las puertas de la casa yo traté de entenderlo era mi hermana.

Pero desde que llegaron comencé a sentir que algo había cambiado.
Había más personas en la casa, más movimiento y menos privacidad y hubo una situación que desde entonces no pude sacar de mi cabeza.
Una tarde encontré a mi cuñado dentro de mi habitación me quedé completamente sorprendida “¿Qué haces aquí?” Le pregunté, él se puso nervioso y rápidamente me dijo que se sentía había confundido de habitación, según él, todavía no conocía bien la casa y había entrado pensando que era otra.

No quise hacer un escándalo,era nuevo en la casa, pensé. Así que decidí dejarlo pasar, hasta que desapareció mi dinero.
Ese día busqué por todas partes revisé cajones, bolsas, ropa, cajas...
Nada, mi dinero simplemente no estaba. Y yo estaba segura de haberlo guardado.😞

No era una cantidad que hubiera gastado sin darme cuenta, era dinero que llevaba tiempo juntando y que precisamente estaba guardado porque casi nunca lo tocaba.

Cuando les dije a mis padres lo que había pasado, esperaba que me ayudaran pero… todo terminó convirtiéndose en una discusión.
Les expliqué que no estaba acusando a nadie solo dije que tenía mis sospechas porque mi cuñado ya había entrado anteriormente a mi habitación y porque, además, prácticamente todos sabíamos que mi dinero estaba guardado ahí.

Pero mis padres se enojaron conmigo muchísimo “¿Cómo puedes pensar eso de él?” “No tienes ninguna prueba” “Es el esposo de tu hermana”
Yo intentaba explicarles que justamente por eso no estaba afirmando nada, solo quería que entendieran por qué me parecía extraño.
Pero entonces Liz comenzó a defenderlo y ahí fue cuando perdí la paciencia.

Les dije algo que probablemente llevaba años guardándome:
"Ustedes siempre hacen lo mismo con ella." Les dije que Liz podía equivocarse una y otra vez y ellos siempre estaban ahí para rescatarla.
Que todavía no terminaba la universidad y que ahora había llegado con un esposo que había perdido el empleo.

A pesar de todo eso mis padres estaban dispuestos a solucionarles la vida. Mientras tanto, yo estaba haciendo mi servicio social, estudiando y tratando de construir mi futuro.

Y cuando desaparecía mi dinero, lo único que recibía era un regaño por atreverme a sospechar, la discusión se hizo horrible. Mi mamá me dijo que estaba siendo injusta, mi papá me acusó de tenerle resentimiento a mi hermana.

Y Liz… bueno, ella terminó diciéndome que si tanto me molestaba vivir con ellos, entonces debería irme.💔

Aquello fue lo que me hizo levantarme, no grité, no insulté a nadie. Simplemente agarré mis cosas y salí de la casa desde entonces me estoy quedando en casa de mi tía.

Mi tía nunca se casó y tampoco tuvo hijos, pero curiosamente siempre he sentido que ella me ha comprendido mucho más que mi propia madre.
Nunca me ha hecho sentir que tengo que competir con alguien por su cariño, nunca me ha dicho que debo callarme para no crear problemas. Y quizá por eso ahora entiendo muchas cosas que antes prefería no ver.

Porque mientras mi mamá siempre ha sido muy dura conmigo, con Liz ha sido completamente diferente, mi mamá incluso solapó que mi hermana se casara a los 20 años, no hubo grandes reclamos, no hubo una reprimenda o aquella preocupación que yo esperaba de una madre cuando su hija todavía estaba estudiando y tomaba una decisión tan importante. Simplemente la apoyó.

Y ahora que las cosas no han salido como esperaban, nuevamente están ahí para recibirla en casa y ayudarla.
Mientras, yo me fui con una maleta y terminé durmiendo en casa de mi tía. Y aunque mi tía me ha recibido con todo el cariño del mundo, no puedo evitar sentir tristeza.

Porque nunca pensé que algún día encontraría más comprensión en una persona que decidió no casarse ni tener hijos que en mi propia madre.

Mientras caminaba aquel día sentía una mezcla de rabia y tristeza.
No sabía qué me dolía más, si haber perdido mis ahorros...
O darme cuenta de que, cuando llegó el momento de elegir entre creerme a mí o proteger a Liz, mis padres ni siquiera lo pensaron.

Esa noche me quedé pensando en algo. Quizá nunca voy a saber quién tomó mi dinero, no tengo pruebas para señalar a mi cuñado.
Pero tampoco puedo fingir que no tengo motivos para sentirme incómoda.

Y quizá el verdadero problema no empezó cuando desapareció mi dinero, quizá empezó muchos años atrás, cuando aprendí que en mi familia a Liz siempre le perdonaban todo... y a mí siempre me exigían ser la responsable.

¿Ustedes qué habrían hecho en mi lugar?
¿Habrían pedido explicaciones aunque eso provocara una pelea familiar?
¿O habrían preferido quedarse callados para conservar la paz?💔

Mi nombre es Ximena y el día que me dijeron que tendría una niña, el hombre que amaba me abandonó...Tenía 24 años cuando...
07/29/2026

Mi nombre es Ximena y el día que me dijeron que tendría una niña, el hombre que amaba me abandonó...

Tenía 24 años cuando me embaracé, era un embarazo deseado por mí, aunque quizá no tanto por él. Aun así, me aferré a la ilusión de que cuando viera a nuestro bebé, todo cambiaría. Pasaba las noches imaginando sus manitas, su sonrisa y cómo sería nuestra vida como familia.
Cuando tenía 6 meses de embarazo fuimos a realizarme un ultrasonido de rutina recuerdo perfectamente ese día, como si hubiera ocurrido ayer. El doctor sonrió y nos preguntó: “¿Quieren saber qué es?”
Yo le respondí que aún no si ya habíamos esperado, podía esperar un poco más. Me emocionaba la idea de conocer a mi bebé el día de su nacimiento.
Pero él respondió rápidamente: “¡Sí, doctor!” “¡Quiero un varoncito!”
El doctor movió un poco el aparato sobre mi vientre, sonrió nuevamente y dijo: “¡Es una niña!”💕

Yo no pude contener las lágrimas de felicidad, no me importaba si era niño o niña, estaba enamorada de mi bebé desde el primer momento en que supe que existía. Pero mientras yo lloraba de emoción, Javier mi esposo guardó silencio y digo mi esposo porque nos casamos a los 22 años ya muy cerca de graduarnos, fuimos compañeros en la universidad ambos estudiamos diseño gráfico, pasamos muy bellos momentos juntos. Éramos felices desde mi modo de ver la vida. ❤️

Terminó la consulta y salimos del consultorio. El camino a casa fué extraño, apenas me dirigió la palabra pensé que quizá estaba sorprendido, que necesitaba tiempo para asimilar la noticia. Después de todo, convertirse en padre también debe dar miedo pero, me equivoqué.
Esa noche no llegó a casa, tampoco al día siguiente ni al otro.💔

Dos días después comprendí que no se había ido a pensar las cosas, se había ido de nuestras vidas.
Me abandonó por el simple hecho de que nuestro bebé era una niña eso pensé aunque la verdad ahora pienso que fue simplemente porque había alguien más o se cansó de todo lo que teníamos.

No voy a mentirles, lloré muchísimo, lloré por mí, pero sobre todo lloré por ella. Porque ninguna madre sueña con tener que responder algún día por qué su papá decidió no estar. Me preguntaba qué le había faltado a mi pequeña para merecer un rechazo tan cruel incluso antes de nacer.

Hubo noches en las que dormí abrazando mi vientre y pidiéndole perdón por un abandono que no me correspondía explicar, tuve depresión, salí adelante con el apoyo de mis padres sin ellos no sé qué habría pasado con mi vida, hubo un día que toqué fondo y le prometí que aunque me sintiera rota, jamás la dejaría sola. Y le cumplí.

Fui mamá y papá al mismo tiempo, hubo días difíciles en los que tenía que elegir entre comprarme algo para mí o comprarle lo que ella necesitaba, con el apoyo de la padres abrí un negocio de diseño de publicidad, impresiones sencillas porque las máquinas que se usan son muy caras, empecé con lo básico, decoraba salones en eventos y de ahí hacia los diseños de los recuerdos. ❤️

Hubo cumpleaños de Meli (mi hija) que organicé con muy poco dinero, pero con muchísimo amor. Hubo noches de fiebre en las que no dormí, festivales escolares en los que aplaudí por dos personas y lágrimas que me limpiaba antes de entrar a su habitación para que nunca me viera derrotada.❤️

Muchas veces me preguntaron si no me daba tristeza criarla sola, mi respuesta siempre fue la misma: jamás me sentí sola teniéndola a ella.

Ella fue mi fuerza cuando sentía que ya no podía más, su primer "mamá", su primer día de clases, sus abrazos inesperados y hasta sus travesuras me enseñaron que Dios nunca me quitó algo, me regaló a alguien.

Pasaron los años y hubo momentos en que me preguntó por su papá, nunca le hablé mal de él porque entendí que el odio también se hereda y yo no quería heredarle ninguna carga que no le pertenecía.
Simplemente le enseñé con mi ejemplo que una persona vale por quien es y no por quien decidió abandonarla. ❤️

Hace apenas un tiempo, cuando mi hija ya era una joven, su padre volvió a aparecer. Después de 19 años decidió buscarla, como si el tiempo pudiera recuperarse. Le dijo que quería acercarse a ella, que quería enmendar sus errores. Incluso le ofreció pagar lo que restaba de sus estudios universitarios, llegó con uno de esos celulares de los más caros, pensando que quizá con regalos podría comprar el tiempo que nunca le dedicó.😒

Pero mi Meli lo miró con mucha tranquilidad y le dijo que no quería saber nada de él, no levantó la voz, no le reclamó simplemente le dejó claro que había aprendido a vivir sin su presencia y que no necesitaba aceptar regalos de alguien que decidió perderse toda su infancia.

No les voy a negar que sentí un poco de pena por él, verlo darse cuenta, demasiado tarde, de todo lo que había perdido fue triste.
Pero, al mismo tiempo, sentí una alegría inmensa, porque en ese instante comprendí que había hecho bien mi trabajo como madre.
Mi hija no se dejó conquistar por lo material, por un teléfono costoso o por la promesa de que alguien pagaría sus estudios. Eligió quedarse con los valores con los que creció, con la dignidad y con el amor sincero que durante veinte años siempre existió entre ella, sus abuelos, sus tíos y yo.

Hoy mi pequeña ya es grande, está en la universidad persiguiendo sus sueños y se ha convertido en una mujer maravillosa, inteligente, noble y fuerte. Es mi mayor orgullo.

¿Su papá? Nunca hizo falta.
Porque aunque el amor de un padre es invaluable cuando decide estar, la ausencia de uno jamás define el valor de un hijo.
Y aunque muchos me dijeron que una niña necesita crecer con un padre para ser feliz, mi hija me demostró que lo único indispensable es crecer rodeada de amor verdadero, de quienes siempre están a tu lado en las buenas y en las malas.

A veces pienso en aquel hombre que salió del consultorio conmigo y desapareció. Me pregunto si alguna vez se arrepintió de haberse perdido la sonrisa más hermosa del mundo, sus graduaciones, sus abrazos y todos esos "te amo, mamá" que han sido mi mayor recompensa. Pero resulta que no fué así pues después volvió a buscar a Meli y ahora si llegó a su mujer con un pequeño niño de 4 años, mi corazón se quebró cuando mi hija me contó eso, me dio mucho coraje.

Pero yo gané la dicha de tener a la niña más maravillosa que la vida pudo regalarme.

Si pudiera volver atrás y me preguntaran nuevamente: "¿Quiere saber qué es?", respondería lo mismo que hace años.
No me importa si es niño o niña, porque desde el primer instante supe que era el gran amor de mi vida. ❤️

¿Ustedes creen que después de casi 20 años un padre tiene derecho a volver y pedir un lugar en la vida de su hija? ¿O hay decisiones que llegan demasiado tarde?

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