04/17/2026
Nuestra predicación no se origina en el error ni en malas intenciones, ni procura engañar a nadie.
Al contrario, hablamos como hombres a quienes Dios aprobó y les confió el evangelio: no tratamos de agradar a la gente sino a Dios, que examina nuestro corazón.
1 Tesalonicenses 2:3-4