13/06/2022
Cortar de raíz
Entró sigiloso empujando la puerta suavemente. La puertas siempre quedan entornadas. Cerrar nunca ha sido lo mío. Se acercó hasta la cama y se acomodó amalgamando su cuerpo al contorno del mío. Sentí su calor, y aprisioné la sensación.
Minutos más tarde un sonido repetitivo se hizo escuchar bajo la almohada.
Estiré mi mano para alcanzar el móvil. La alarma insistía en su son. Mis dedos intentaron estirarse al máximo para no mover aquel cuerpo adherido que dormía en una calma profunda.
Cuando al fin pude sostener el objeto sonoro, lo levanté con tanta energía que se deslizó de entre mis dedos y cayó vertical y directo sobre mi rostro, rompiendo de raíz el encanto de un despertar de ternura y liviandad.
La sangre se desbarató sobre la boca, chorreando sobre la cara, la almohada, la sábana, el cuello. Los dedos tocaron, la desparramaron, la lengua saboreó ese inconfundible fluído rojo y agitó el cuerpo a incorporarse.
El espejo cercano, mostró una imagen despareja, desordenada y descompuesta.
Giró sobre sí, volteando a mirar su cama. Le devolvió la mirada. Se estiró desperezándose. Se levantó sigiloso y se esfumó tras la puerta como fantasma sin emitir sonido.
La alarma insistió una vez más.
El tiempo empeñado en ajustar los instantes. La fractura profunda, grieta de realidad denotó su dolor.