11/12/2025
Les comparto una reflexión que me asalta, motivada por dinámicas que observo actualmente en nuestro entorno laboral.
La historia nos ofrece lecciones poderosas sobre cómo las creencias pueden dictar acciones atroces. Hubo un tiempo en que la persecución de las "brujas" se justificaba bajo el manto de la fe. Hoy entendemos que detrás de esas acusaciones podría haber habido explicaciones racionales, como las reacciones alucinógenas provocadas por el consumo de pan de centeno en mal estado, que afectaban a comunidades enteras. Aquellas mujeres, tildadas de brujas, quizás no eran más que víctimas de la ignorancia colectiva y de una histeria fomentada por el poder.
De manera similar, la historia de la conquista de América nos relata cómo los líderes católicos y los conquistadores dictaron órdenes despiadadas, subyugando a los pueblos originarios bajo un sistema que los despojaba de su cultura y dignidad. La recompensa por su labor forzada era, simplemente, seguir con vida.
Mi pregunta, al reflexionar sobre estos episodios, es: ¿hasta qué punto los ejecutores de esas órdenes, inmersos en sistemas que promovían la ignorancia sobre la inteligencia, no cuestionaron la moralidad de sus actos? Es impactante cómo una persona puede estar convencida de perseguir y matar a otros, creyendo sinceramente que hace lo correcto, hasta que la verdad se revela. La conversión de Saulo de Tarso en Pablo es el ejemplo paradigmático de este despertar.
Les comparto esto porque me encuentro sorprendido, incluso "loco y sin ideas" , al ver cómo se desarrollan ideas tan ignorantes en la empresa donde trabajo actualmente. El conocimiento y la experiencia me han enseñado a discernir entre lo correcto y lo incorrecto, y a entender que cada decisión, producto de la inteligencia o de la ceguera, arroja un resultado con el que finalmente tendremos que vivir.