Jorge Brito

Jorge Brito "I go through life like a Karate Kid"

Aquí me tienen, escuchando música por milésima vez en el día y reflexionando sobre la gran ironía de mi existencia: amo ...
22/03/2026

Aquí me tienen, escuchando música por milésima vez en el día y reflexionando sobre la gran ironía de mi existencia: amo la música con una intensidad absurda, pero no soy capaz de cantar ni los números del bingo ni de tocar una pandereta. (Ah, y odio el karaoke con toda mi alma).

Todo empezó con esos primeros mixtapes (sí, la edad) donde convivían pacíficamente “La Calle de las Sirenas” y “Cuando los Sapos Bailen Flamenco”. Luego llegó MTV a terminar de criarme y el intro de Dawson’s Creek (“So open up your morning light…”) me dio el golpe de gracia. Bueno, eso... y cuando descubrí los musicales y Coyote Ugly.

Creo que puedo contar con los dedos de una mano los días de mi vida en los que no he escuchado música. Tengo cornetas en el baño, en la cocina y en la oficina. Tengo dos pares de audífonos porque prefiero faltar al gimnasio antes que entrenar sin ellos. Invierto una cantidad de tiempo ridícula (y preocupante) armando playlists en Spotify.

Y sí, tengo playlists para cada estado de ánimo (lo cual no sé si me deje muy bien parado psicológicamente, jaja). Tengo la de despecho, la de gritar en la ducha, la de ir a la playa y la de carretera. Eso sí, jamás mezclo a Britney en esos inventos. Ella es sagrada y come en una mesa aparte, aunque le permito juntarse con los Backstreet Boys en una playlist VIP.

Por mucho tiempo pensé que fueron los Backstreet Boys los que me hicieron gay, pero la ironía es que, viéndolo bien, fue la música y mi devoción absoluta por mis divas noventeras.

Mi cara dice “habibi” pero lo que me sale de la boca es “arepa y cachapas” 👳🏻‍♂️🇻🇪
16/03/2026

Mi cara dice “habibi” pero lo que me sale de la boca es “arepa y cachapas” 👳🏻‍♂️🇻🇪

Mi Chipi es curioso, preguntón, travieso y un poquito ocioso (como debe ser todo niño). Es de los que da los buenos días...
15/03/2026

Mi Chipi es curioso, preguntón, travieso y un poquito ocioso (como debe ser todo niño). Es de los que da los buenos días con fuerza, reparte abrazos, se mete en las cocinas de los restaurantes solo para ver cómo preparan la comida y come con un amor que da gusto. Siempre está buscando atención y, lo más bonito, siempre me dice que me ama. Yo trato de devolvérselo abrazándolo a cada rato y repitiendo una y otra vez cuanto lo amo.

Y luego veo fotos como esta. Él, en su mundo de muecas y payasadas; y mi mamá, con esa seriedad suya que no engaña a nadie, siendo su cómplice perfecta.

He tenido la inmensa suerte de ver a mi mamá convertirse en una abuela pro. Aunque no pueden estar juntos todos los días, cada vez que están cerca se enciende una conexión muy bonita. Viéndolos así, tan distintos pero tan unidos, llego a una conclusión: creo que las mamás se deconstruyen por completo para poder convertirse en abuelas.

Y quizás, al final, eso es lo que hace a un niño feliz: saberse profunda e incondicionalmente amado.

Al parecer reprobé la materia de “Homosexualidad Visual”. Resulta que soy el tipo incorrecto de gay, ese que le hace cor...
13/03/2026

Al parecer reprobé la materia de “Homosexualidad Visual”. Resulta que soy el tipo incorrecto de gay, ese que le hace cortocircuito a la masculinidad frágil ajena. El otro día un pana hetero aparentemente ofendido me preguntó “por qué siempre salgo sin franela en Instagram”. Mi rey, darle al botón de unfollow es completamente gratis; no entiendo el martirio de quedarte viendo mis carnes si tanto te sufren los ojos. Y ni hablemos del gimnasio: le dije a una chama que tenía el cabello hermoso (el comentario más gay que existe en la historia de la humanidad) y el novio me siguió hasta el baño para preguntarme qué le había dicho a su “jeva”. Mijo, le quería robar el dato de la keratina, no la novia. En fin, algo estoy haciendo muy mal. Voy a tener que trabajar urgentemente en mi nivel de “gay exterior” para que los heteros puedan dormir en paz.

Si mi piel hablara, seguro echaría mejores cuentos que yo. 😂Llevo más de 20 “cicatrices” elegidas. Algunas son pura fami...
10/03/2026

Si mi piel hablara, seguro echaría mejores cuentos que yo. 😂

Llevo más de 20 “cicatrices” elegidas. Algunas son pura familia, como las golondrinas de mis abuelos o los corazones de mis hijos. Otras son pura raíz, como las coordenadas de mi ciudad o El Ávila (que me lo tatué dos veces por si se me olvidaba lo grande que es).

Tengo mandalas, mariposas y hasta garabatos que mi hermana me pintó encima y decidí que se quedaran para siempre. También hay literatura, mucha playa y un paraguas budista, porque la vida a veces se pone intensa y hay que saber aguantar el chaparrón.

Dicen que los tatuajes son para siempre, y qué bueno, porque no quiero olvidar ninguna de estas piezas de mi rompecabezas.

Me han preguntado por qué tantos tatuajes. La respuesta es simple: me gusta llevar mis certezas por fuera.

Todo el mundo cree que convertirse en ese «ser de luz» consiste simplemente en sacarse una foto en el gimnasio a las 6:0...
09/03/2026

Todo el mundo cree que convertirse en ese «ser de luz» consiste simplemente en sacarse una foto en el gimnasio a las 6:00 a. m., comprarse un nuevo outfit o irse a la playa a «conectar». Mira, tengo 40 años, soy papá, profesional y entreno seis veces a la semana y si algo he aprendido es que el cuerpo está ahí, sí; pero el músculo más difícil de marcar no es el abdomen, es el criterio.

La gente piensa que el crecimiento personal es un ascenso lineal y estético. La realidad es mucho más aburrida y, a veces, bastante cínica. La «mejor versión» no llega por ósmosis después de un viaje; llega cuando te das cuenta de que tu círculo social parece un depósito de chatarra emocional y decides que es hora de empezar a limpiar.

Lo más gracioso es que nos venden que ser exitoso es estar «siempre arriba». Yo me enfrento a mis demonios, a mis días grises y a mis inseguridades sin anestesia. Ser vulnerable no es ser débil; es tener las bolas bien puestas para admitir que no siempre puedes con todo, pero que igual te vas a levantar mañana a echarle pichón.

Al final, este «crecimiento» es un trabajo de 24/7 que nadie ve y que rara vez sale bien en una foto de Instagram. Es un proceso sucio, honesto y profundamente individual.

Así que, si me ves en el gimnasio, no creas que solo estoy levantando pesas. Estoy levantando el peso de mis propias decisiones, limpiando el camino de gente tóxica y asegurándome de que mi mejor versión sea alguien con quien yo —y nadie más— se sienta cómodo tomando un café a solas.

Todo el mundo cree que convertirse en ese “ser de luz” es simplemente sacarse una foto en el gimnasio a las 6:00 a.m., c...
06/03/2026

Todo el mundo cree que convertirse en ese “ser de luz” es simplemente sacarse una foto en el gimnasio a las 6:00 a.m., comprarse un nuevo outfit o irse a la playa a “conectar”. Mira, yo tengo 40 años, soy papá, profesional, gay y entreno seis veces a la semana. El cuerpo está ahí, sí, pero el músculo más difícil de marcar no es el abdomen, es el criterio.

La gente piensa que el crecimiento personal es un ascenso lineal y estético. La realidad es mucho más aburrida y, a veces, bastante cínica. La “mejor versión” no llega por osmosis después de un viaje; llega cuando te das cuenta de que tu círculo social parece un depósito de chatarra emocional y decides que es hora de empezar a limpiar.

Lo más gracioso es que nos venden que ser exitoso es estar “siempre arriba”. Yo me enfrento a mis demonios, a mis días grises y a mis inseguridades sin anestesia. Ser vulnerable no es ser débil; es tener las bolas bien puestas para admitir que no siempre puedes con todo, pero que igual te vas a levantar mañana a echarle pichón.

Al final, este “crecimiento” es un trabajo de 24/7 que nadie ve y que rara vez sale bien en una foto de Instagram. Es un proceso sucio, honesto y profundamente individual.

Así que, si me ves en el gimnasio, no creas que solo estoy levantando pesas. Estoy levantando el peso de mis propias decisiones, limpiando el camino de gente tóxica y asegurándome de que mi “mejor versión” sea alguien con quien yo, y nadie más, se sienta cómodo tomando un café a solas.

Este es el secreto más profundo que nadie conoce…(Esta es la raíz de la raízy el brote del brotey el cielo del cielo de ...
01/03/2026

Este es el secreto más profundo que nadie conoce…
(Esta es la raíz de la raíz
y el brote del brote
y el cielo del cielo de un árbol llamado vida;
que crece mas alto de lo que el alma pueda esperar… o la mente ocultar)
Es la maravilla que mantiene las estrellas separadas
Llevo tu corazón
(lo llevo en mi corazon)

28/02/2026

Aquí estoy, retomando el sol de las tardes y pelando el diente 😁

La disciplina es una guerra contra tu propia voluntad. El año pasado fue una batalla mental para obligarme a venir. Me j...
26/02/2026

La disciplina es una guerra contra tu propia voluntad. El año pasado fue una batalla mental para obligarme a venir. Me jodí la mano y el lastre fue historia. Hoy, un año después, he retomado. Este disco es mi trofeo. Claro, algunas veces voy de mal humor, aburrido y sin ganas de hablar, pero venir sigue siendo mi forma de cuidarme, aunque sea por fuerza. Puntos para mí.

Hace casi 20 años llegué a Caracas y, para ser honesto, no me enamoré de la ciudad de inmediato. Tampoco enloquecí con E...
23/02/2026

Hace casi 20 años llegué a Caracas y, para ser honesto, no me enamoré de la ciudad de inmediato. Tampoco enloquecí con El Ávila, como le suele pasar a casi todos los que venimos del interior. Al principio me costó muchísimo adaptarme y me la pasaba escapando a Maturín cada vez que podía.

Pero en esas primeras semanas descubrí este cerrito en El Cafetal. En aquel entonces no iba casi nadie, solo lo compartía con algunos viejitos y ciclistas. Desde aquí podía ver la ciudad prácticamente completa, con El Ávila ahí cerquita en todo su esplendor. Creo que fue exactamente desde este rincón donde empecé a enamorarme de Caracas.

Años después conocí la otra versión del Ávila: subí por La Julia, por el Estribo de Duarte e incluso por Terrazas. Llegué a los picos y, por mucho tiempo, subía todos los días a entrenar y desayunar antes de irme a trabajar.

Así fue como aprendí a querer mi propia versión de esta ciudad. Y este cerrito —que la verdad celo mucho y al que casi no llevo a nadie— se quedó como mi “spot” de los fines de semana. Fue el lugar que nos recibió y nos dio respiro durante toda la pandemia, y donde mi perrita Renata y mi Chipi vienen a “entierrarse” y ser felices.

Ni tan fitness que me desmaye, ni tan gordito que me ruede. En el punto exacto donde los de 20 me dicen ‘señor’ y los de...
21/02/2026

Ni tan fitness que me desmaye, ni tan gordito que me ruede. En el punto exacto donde los de 20 me dicen ‘señor’ y los de 40 me dicen ‘papi’. La barriga es premium, el resto es puro cuento.

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Av. La Trinidad Del Cafetal
Caracas

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