12/05/2026
🇵🇸 Tiene solo 18 años. Pero a esa edad ya va entendiendo, como hizo Maradona, el fútbol como lenguaje popular, un sentimiento de los barrios y no de las élites que negocian la pasión. Redefine –por fin– ese límite absurdo que han impuesto los indiferentes, separando el fútbol de las causas globales y de la política. Lleva una bandera que también pertenece al fútbol como pertenece a la humanidad toda. Celebra su victoria reclamando por los que no tienen nada que celebrar: los mu***os, los mutilados, los huérfanos, los que han perdido su familia, los hambrientos, los prisioneros, los tiroteados, los aplastados, los desaparecidos, los más de 20 mil niños que ya no están. El mundo le aplaude por recordar, frente a su equipo, frente a sus hinchas, frente a su país y frente a los indiferentes que hay causas comunes más allá de que seas médico, artista, militar, político, carpintero o futbolista: la causa de la vida contra al negocio de la muerte. Sin vida no hay fútbol, ni hay nada.