28/05/2026
¡Carlos Rangel! Ensayista, diplomático, periodista fue quizás el pensador y referente libertario de Latinoamérica, más importante en la segunda mitad del siglo pasado. Durante décadas él y su esposa Sofía hicieron un programa diario de televisión llamado Buenos Días, en el que comentaban la noticia del momento, analizaban los sucesos con ojo crítico y defendían las libertades y la democracia a capa y espada.
En los años sesenta y setenta, mientras los intelectuales de la época, los medios de comunicación y el mundo entero veían con veneración y entusiasmo el avance de la Revolución cubana, había un hombre que, sin haber vivido las penurias del comunismo-socialismo, ya advertía lo que se avecinaba para Cuba y el resto de la región si seguíamos sus pasos.
¡Sus predicciones fueron acertadas; lamentablemente nadie le hizo caso!
Si hoy es difícil hablar de libre mercado, propiedad privada y libertades individuales, imagínense lo que era hacerlo hace más de 50 años, cuando una abrumadora mayoría de intelectuales y políticos estaba mareada por el marxismo y Keynes era la superestrella.
En 1976 Rangel publicaría la obra que, en mi opinión, es uno de los mejores ensayos escritos en el último siglo. Titulado Del buen salvaje al buen revolucionario, el libro tuvo una gran difusión gracias a la admiración del filósofo, escritor y periodista francés Jean-Francois Revel.
En efecto, la obra de Rangel no solo es indispensable para comprender los fracasos históricos, políticos y económicos de la historia latinoamericana, así como los vacíos narrativos y sociológicos que esto ha provocado, para que quienes nos consideramos latinoamericanos nos hayamos criado bajo una cultura radicalmente victimista, con un grave desprecio por el mérito, y con Estados paternalistas que sólo han logrado profundizar aún más la brecha existente entre el Norte de América (Estados Unidos), y el resto de los países de América, desde el norte de México hasta el sur de Argentina.
Rangel escribió: «…prevaleció desde el principio en la sociedad norteamericana la convicción de que el imperio de la ley es en sí mismo una conquista tan fundamental