27/02/2019
"Sabias que tocaba recoger a pleno sol de todo un día, las botellas vacías de más de 500 cajas de cerveza. Entre los años 60 y los 80, los clubes de La avenida EL Milagro se convirtieron en el centro de la fiesta carnavalesca en la ciudad. Entrando por los lados del Bella Vista, El Hotel del Lago, y el Club Náutico con sus bailes, comparsas y reinas, eran la fiesta de las clases pudientes de la ciudad. Amenizados con orquesta fletadas desde Caracas y algunas regionales, eran las fiestas del dinero y la gracia. Disfraces, de luces y colores, comparsas, reinas retratadas en la prensa regional y un ratón de escocés, eran la nota alta. Si por el contrario, tu carrito venía del centro, te encontrabas con la inmensa tranca frente al Club Alianza, era la fiesta carnavalesca de la clase media. Los comerciantes, los profesionales y uno que otro más colado, amanecías bailando al ritmo de Los Blancos y Los Masters y en una que otra ocasión con alguna orquesta caraqueña. Igualmente, los disfraces eran el centro, los adultos iban a bailar y a tomarse unos tragos hasta el amanecer, mientras afuera, alguien les levantaba el reproductor de cintas, o las copas del Dochesito de la época. Si no lograbas pasar la tranca de después de las 8 de la noche, desde allí te podías ir a pie hasta el Club Naiguatá, mucho ron y mucho ballenato eran, la norma del Naiguatá, con las primeras apariciones importantes de los hoy famosos ballenateros de la hermana república, la rumba era dura, con mucha negrita, mucho baile roncaneao y mucho divorcio u ojos morados al otro día. Del Naiguatá, si el ron te lo permitía, te ibas a pie hasta el centro de la gran fiesta, “El Catirito”. Estaba situado unos metros antes de los actuales talleres de Hidrolago, igualmente la rumba era sabrosa y dura, pero amenizada con mucha cerveza, frente a otras bebidas y la música era en una gran pista de cemento, al pie de una pequeña co**ha acústica netamente regional. “Veladores” de hierro, hieleras de plástico y muchos vasos de cartón, al ritmo del momento, igualito hasta el amanecer. Eran los bailes del Catirito y el Naiguatá..."
Textos cortesía de German Hernández