30/05/2026
Según odiaba a su débil destinada humana, estaba enojado con el bosque por atarlo a una mujer común, pero cuando descubrió que tiene esposo enfurece de los celos, sin saber que ella le pidió el divorcio y este no se lo quiere dar
✨️Fragmento✨️
Cállate, no tendremos ningún bozal y tu deja de ser débil, eres un alfa. —Gruñó enojado a su lobo por el vínculo mental.
Si como digas, pero sé que quieres olerla de nuevo. —Fergus su lobo no fue precavido al decirlo, sino ponzoñoso. Jugaba con el mal humor de su igual.
—Dije que te calles.
—No lo haré y… —Biel cerró su vínculo mental, silenciando a Fergus de una vez por todas, estaba al borde, enojado y contrariado.
Se sentía ardiendo, su molestia era tal que arrojó la mesa de madera por el aire y cuando impactó contra la pared se hizo añicos.
—Señor… —Su beta interfirió, agacho la mirada antes de posarse frente a él. —Investigue sobre las forasteras. —Biel quería romperle la cara ¿Quién se creía? —No me quise exceder, pero sé que es su nueva luna y ella está huyendo…
Esa nueva información lo desconcertó y al mismo tiempo llamó su atención. —¿De quién huye?
—De su esposo y…
Su puño impactó las paredes ¿Como que su esposo? ¿Acaso su luna tenía esposo? El sonido del golpe retumbó en la habitación, haciendo qu3 la estructura y su beta temblaran.
—¿Qué acabas de decir? —volvió a preguntar, sus oídos zumbaban, había escuchado mal acaso era un juego para el destino.
—Ti.. tiene esposo, mi señor… —El beta tragó saliva, sin levantar la vista.
Biel dio un paso hacia él.
—¿Y qué más sabes? Habla antes de que decida arrancart3 la lengua.
—Mi señor no se más nada, solo que en pueblos vecinos están preguntado por ella, según se robó una gran cantidad de dinero y a la pequeña.
Fergus golpeó dentro de su mente. —No puede ser; esa humana es nuestra y ese tal esposo quedará en cenizas.
El lobo rugía, exigiendo territorio, posesión y lo que era suyo. Biel se pasó la mano por el rostro, respirando hondo, pero la furia no cedía. Esa mujer, esa pequeña y desafiante humana, no solo había tenido el descaro de enfrentarlo, sino que pertenecía a otro.
El universo, definitivamente, se burlaba de él.
Biel se dejó caer sobre la silla más cercana. —¿Y ese malnacido cree que puede venir a buscarla aquí? —preguntó con un tono de voz enronquecido sin mirar al beta.
—No lo sabemos, señor, pero la buscan y están ofreciendo recompensa, pero si lo hace, cruzará sus límites.
—Y m0rirá por ello. —Su tono fue tan helado que ni Fergus se atrevió a interrumpir.
Por un momento, el alfa quedó en silencio, mirando la nieve caer por el ventanal. Afuera, el bosque parecía dormido, pero él sentía un fuego extraño avivarse dentro de él.
Su pecho dolía y sentia un ardor extraño que nada tenía que ver con la furia, era algo peor: Una necesidad que no quería nombrar.
¿Y si mintió? Tiene cara de brava, pero no de ladrona. —La voz de Fergus apago sus pensamientos.
—No me importa. —respondió en voz baja.
Sí te importa. La hueles, la piensas, la imaginas. ¿Qué harías si ese humano la toca? —Quería saber más.
Biel apretó los puños y sus uñas rasgaron la piel de sus palmas dejando surcos rojizos.
—Lo destrozaré… —murmuró entre dientes. —Y después me aseguraré de borrar su nombre de este mundo.
Fergus gruñó con satisfacción.
Entonces acepta lo que es, estas celoso por nuestra luna. —Se carcajeó al decirlo.
—Cállate, no es nuestra, tiene un… —El alfa se levantó de golpe, la silla cayó al suelo con un estruendo seco, no se atrevió a formular la oración. —Si ese bastardo cruza mis tierras, Fergus, será su último error.
¿Y ella? —Pregunto ansioso.
—Ella no saldrá viva de aquí si intenta huir. No saldrá de mis montañas.
Cerró los ojos, pero dentro de él, Fergus reía.
—Demasiado tarde, Biel. Ya es nuestra y lo mejor de todo, tenemos una cachorra que no nos teme.
Sus párpados temblaron, no supo si quería destruirlas o protegerlas.