13/07/2026
Entre los escombros, donde el silencio parecía haberlo cubierto todo, alguien encontró un cuatro. Estaba golpeado por la tragedia, cubierto de polvo, como tantas historias que quedaron atrapadas bajo las ruinas.
Entonces, un hombre lo tomó entre sus manos y comenzó a tocar.
Y qué hermoso sonó.
Por un instante, el dolor hizo una pausa. Las lágrimas siguieron cayendo, pero aquellas notas parecían abrazar a quienes aún buscaban fuerzas para levantarse. Era como si el cuatro dijera que, aunque la tierra había temblado, el alma de Venezuela seguía de pie.
Muchos ya no están con nosotros. Dejaron sueños, abrazos pendientes y familias con el corazón roto. Nada podrá borrar ese vacío. Pero aquel sonido recordó que la esperanza también puede nacer entre los escombros.
Porque mientras exista alguien capaz de convertir el dolor en música, de levantar una oración en medio de las ruinas y de creer que después de la noche vuelve a salir el sol, habrá motivos para seguir adelante.
Hoy ese cuatro no solo sonó. Revivió. Y con cada nota nos recordó que un pueblo herido puede llorar, pero también puede volver a cantar.
Que Dios reciba en su gloria a quienes partieron, fortalezca a las familias que hoy sufren y sostenga a Venezuela con su amor. Después de tanto dolor, volverán los días en que el sonido del cuatro no acompañe el llanto, sino la alegría de un país que nunca dejó de tener esperanza. 🇻🇪
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