14/01/2021
La veneración por la Divina Pastora se remonta al año de 1736 cuando el párroco de Santa Rosa encargó a un famoso escultor que le hiciera una estatua de la Inmaculada Concepción. Inexplicablemente le llegó la imagen de la Divina Pastora, la cual nunca pudo devolver porque también inexplicablemente nadie pudo levantar el cajón donde la habían colocado. La pequeña población interpretó este raro acontecimiento como señal de que la Divina Pastora quería quedarse entre ellos. Tiempo después, tras el devastador terremoto de 1812, el templo se había desplomado dejando al descubierto e intacta la venerada imagen mariana. Otro signo que reforzó la fe de los devotos de Santa Rosa.
Pero la fama de protectora y milagrosa de la Divina Pastora se difundió a mediados del siglo XIX, cuando en Venezuela se desató una grave epidemia de cólera. A casi un año del comienzo de la epidemia, en 1856, desesperados y como último recurso, los pobladores de Santa Rosa acompañados por su párroco, el padre Macario Yépez, decidieron sacar en procesión por las calles de Barquisimeto, la capital del estado Lara, la imagen de la Divina Pastora para implorar su misericordia, la cual fue concedida, ya que, a partir de ese mismo día, cesó la epidemia. Sin embargo, fue el presbítero José María Raldíriz, Vicario Foráneo de Barquisimeto, quien dispuso que la imagen de la Divina Pastora debía visitar la ciudad de Barquisimeto todos los años, el 14 de enero, como un “testimonio perenne de gratitud a la Madre de Dios, pues acorde a la tradición y de creencia general, confirmada por muchos sobrevivientes de la epidemia del cólera, con la llegada de la imagen mariana, ese día 14 de enero de 1856, fue cesando esta epidemia”.