11/09/2026
Fernando Huerta: cuando la política logra conectar de verdad
Hay políticos que llegan a un evento y cumplen con el protocolo. Saludan, entregan apoyos, pronuncian unas palabras, se toman algunas fotografías y continúan con la agenda, y hay otros, muy pocos, que generan algo distinto.
Fernando Huerta pertenece a ese segundo grupo, durante los recorridos por escuelas para la entrega de calzado escolar dentro del programa “Juntos para el Regreso a Clases”, se ha repetido una escena que difícilmente pasa desapercibida: niñas, niños, adolescentes y jóvenes acercándose espontáneamente para pedirle una fotografía, un saludo, un video o simplemente para echarle porras y agradecerle.
No es una imagen común en la política municipal, porque una cosa es convocar gente y otra muy distinta es provocar cercanía.
Lo que se ha visto en estas entregas habla también del alcance de un programa que toca una necesidad muy concreta de las familias. El regreso a clases representa gastos importantes y, para muchos hogares, recibir calzado escolar significa un apoyo directo a la economía familiar, pero alrededor de la entrega ocurre otro fenómeno.
Los jóvenes no solamente reciben el apoyo, buscan al presidente, lo rodean, quieren saludarlo, fotografiarse con él y expresarle personalmente su agradecimiento. Y ahí aparece quizá una de las principales fortalezas políticas de Fernando Huerta: su capacidad para conectar con la gente sin aparentar distancia. Huerta proyecta algo que en la política suele ser difícil de fabricar: autenticidad; es directo, espontáneo, habla como habla la gente y se mueve entre la población sin demasiadas barreras. No parece obsesionado con interpretar el personaje tradicional del político solemne e inaccesible y precisamente por eso conecta, especialmente con una generación joven que detecta rápidamente cuando alguien pretende aparentar algo que no es.
La simpatía no se decreta desde un escritorio, tampoco puede imponerse mediante publicidad, se construye en la calle, escuchando, saludando, entrando a las colonias, recorriendo escuelas y permitiendo que la gente encuentre detrás del cargo a una persona por eso las imágenes de estos días resultan políticamente significativas.
No es Fernando Huerta buscando desesperadamente una fotografía con la gente; es la propia gente buscando una fotografía con Fernando Huerta y esa diferencia dice mucho.
“Juntos para el Regreso a Clases” podrá medirse por los miles de zapatos, útiles o mochilas entregados, pero también deja otra lectura: la de un gobierno que encontró en el contacto directo una manera de fortalecer la cercanía con la población.
Fernando Huerta ha entendido algo elemental que otros políticos tardan años en comprender: antes que gobernantes, la gente quiere seres humanos, personas reales, sin máscaras, sin poses innecesarias, capaces de caminar entre la gente y recibir exactamente la misma energía que transmiten. Tal vez por eso cada recorrido termina convirtiéndose en algo más que una entrega de apoyos, termina pareciendo un encuentro entre un presidente y una población que siente confianza para acercarse y en una época en la que la política enfrenta tanta desconfianza y distancia con los ciudadanos, lograr esa conexión no es un detalle menor.
Los programas generan resultados, las obras dejan infraestructura, pero la cercanía deja identidad y hoy Fernando Huerta está demostrando que, además de gobernar, posee algo que ningún manual de política puede enseñar: el don de conectar con la gente.